Querer sin poseer. Parte 2.

Qué difícil es querer sin poseer cuando hay un afecto profundo por una persona. La práctica de quererle se vuelve un ejercicio de control de impulsos para no echar a perder la amistad tierna que se está construyendo.

Querer no es complacer deseos, ni apoderarse de alguien; querer de forma auténtica es desear el bien de otro sin imponer absolutamente nada; más bien, respetando su forma de ser y sus criterios de vida.

Querer de verdad es no ser oportunista; es que, teniendo la posibilidad de poseer a la persona, te resistas a la tentación y dejes que el ave sea libre. Ese querer auténtico no deja enjaulado al otro.

Poseer es encerrar a aquella persona en tu mansión y guardarla como un trofeo para admirarla y sentirla como propiedad tuya. Es ser egoísta por querer acaparar toda la existencia de aquel ser para ti. Ese es un falso querer, es un impulso de egocentrismo en el que no se toma en cuenta la verdadera felicidad de la otra persona.

El verdadero querer no genera tensión, no apresa, no gobierna. El verdadero querer contempla, admira y disfruta como quien ve el hermoso botón de una flor mientras abre.

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Autor: Cuentos de una ciudad real

Un historiador de la cotidianidad.

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