
- Inspiración vivencial:
Me gusta exponerme. Tengo una tendencia a sacar todo lo que hay en mi interior a la luz pública. De forma directa o indirecta disfruto manifestando las tormentas y rocíos de mi mente y mi corazón. Es un hábito que me permite hacer un auto tratamiento.
Soy una persona tan transparente que es imposible ocultar detrás de mi rostro una sensación, sentimiento o emoción. Cuando estoy triste, se nota; cuando estoy feliz, se nota; cuando estoy pensativo, se nota. Tal vez algunos no lo perciban, pero quien observe un poco se dará cuenta.
- Inspiración por observación:
En el día a día veo distintas realidades que en ocasiones me impactan. Recuerdo una mañana en la que iba en el bus, rumbo al trabajo y por la ventana vi a un señor caminando en medio de la calle semidesnudo, con señales de embriaguez y muy delgado. Eso generó tal impresión en mí, que inmediatamente me vino a la mente escribir sobre esa realidad tan difícil que muchos viven, cuando han tocado fondo en la vida por una u otra razón.
Viendo y escuchando a otras personas, se entremezclan mis experiencias con las suyas para narrar cuentos que tienen toques de realidad y ficción.
- Inspiración soñadora:
Tengo una mente muy dispersa y mis pensamientos vuelan de un lado a otro, proporcionando escenas, escenarios que rozan con lo inimaginable, fantasías, ficción, cosas divertidas, duales y no duales.
Es este el batido de contenido que hago con estos tres factores: mi realidad, las experiencias ajenas y mi libre imaginación. De esta forma consigo crear situaciones existenciales de diferentes tipos y dimensiones que llevan a reflexionar sobre circunstancias que cualquiera puede enfrentar en la cotidianidad.
Con estas tres fuentes de valiosa información se crean los cuentos de la ciudad real.
