
Tanto me esforzaba para impactar en el entorno pensando una y otra vez sobre qué podía hacer para marcar la diferencia.
El miedo y la ansiedad me carcomían por dentro porque dudaba de que pudiera causar una buena impresión. Mi foco estaba en las personas de alrededor; mi punto de evaluación eran los rostros y las reacciones de las personas con las que socializaba.
Había dentro de mí cierta inseguridad sobre la eficacia y eficiencia de mi personalidad y forma natural de ser. Era simplemente yo, pero pensaba forzadamente, como si me costara ser la persona que era.
Veo hacia atrás y me digo: «qué grande fue mi ignoracia». Digo esto porque, independientemente de mi inseguridad, generalmente causaba una buena impresión y contagiaba alegría a las personas en mi entorno. Pero yo no me daba cuenta que no tenía que esforzarme para ello, simplemente era algo inherente en mí.
Soy por naturaleza extrovertido y Dios me ha bendecido con un gran sentido del humor. La verdad no hay día que no encuentre un motivo para reír a carcajadas. Me gusta reírme de mí mismo y buscar lo gracioso en los diferentes acontecimientos del día a día.
Hoy en día me he dado cuenta que no tengo que forzar mi forma de ser, más bien, entre más deje fluir naturalmente mi personalidad, mejor me sentiré y encontraré sin inconveniente, aquello que siempre he buscado con tanto afán.
