
Cada vez que hacía algo, fruto de los dones y talentos que Dios me regaló, las personas me felicitaban y daban buenos comentarios. Sin embargo, yo ponía en tela de duda que realmente yo tuviera siquiera un talento o don en realidad.
Estas dudas sobre mis capacidades tenían una razón que se remontaba a mi infancia y preadolescencia. Cuando era chico, recuerdo haber experimentado muchos momentos de burlas hacia mí, de parte de amigos (lo que hoy en día llamaríamos bullying). Muchas de esas vivencias fueron creando en mí un autoconcepto de que yo era torpe y simplemente el hazme reír de los demás.
Haberme creído esas falsas teorías, me hacía dudar de que yo fuera capaz de hacer algo bien o de ser talentoso. Como decía un amigo por allí: «yo me autosaboteaba».
Me ha tocado ir abriendo los ojos, conociéndome y descubriendo que soy un hombre capaz, para poder disfrutar verdaderamente de la vida y sacar a relucir mi auténtico yo.
Hoy en día vivo agradecido por la persona que soy y no tengo duda que Dios me ha brindado muchos talentos, los cuales con mucha alegría dispongo a su servicio.
Todos tenemos algo bueno que aportar al mundo, solo hace falta descubrir qué es aquello para lo que somos buenos. Y tú, ¿ya descubriste lo que se te da bien?
