
El cielo está de luto. Un alma muere y se pierde en la oscuridad su esencia.
El cielo sabe que es parte del proceso, que ese alma se sumerja en la profundidad del silencio fúnebre para que ocurra la metamorfosis, el renacimiento.
A veces hay que morir para vivir. El cielo llora hoy, pero sé alegrará mañana, porque como dice Romanos 8, 28: «Todo lo permite Dios para el bien de los que lo aman».
El cielo llora hoy, pero sabe que cada lágrima vale la pena por lo que existirá en el porvenir.
