Cuando las heridas hablan

He escuchado por ahí esta frase: «Lo exterior es la consecuencia de que hay adentro».

Mucho tiempo atrás hubo etapas de mi vida en las que descargaba una gran carga de ira hacia otras personas, entre ellas, hacia mi papá.

Veía razones para odiarlo acusándolo de no quererme ni demostrarme afecto de verdad. Yo era una víctima al no haber recibido el amor que merecía como hijo.

Hoy veo que el problema no estaba en mi papá, sino en mis heridas con base en mi percepción e interpretación de los acontecimientos de mi historia vital.

El día que comencé a excarvar adentro de mí, limpiar el desorden de mi corazón y comenzar a sanar, fue cuando las rabias y los grandes desencantos fueron desapareciendo.

He vivido esta frase bíblica de Jesús: «Vengan a mí los que están cansados y agobiados, porque yo les daré alivio».

Sí, Jesús me ha dado alivio a través de personas concretas que me han abierto los ojos para ver la realidad de forma clara y objetiva.

A veces no se trata de que las cosas afuera cambien para estar mejor, sino cambiar uno mismo para que así todo lo externo se vea con otros ojos y se sobrelleve de otro modo.

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Autor: Cuentos de una ciudad real

Un historiador de la cotidianidad.

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