
Recordaba un pasaje bíblico del ciego Bartimeo, quien está a la orilla del camino. Pasa Jesús con una multitud; Bartimeo se entera y lo llama con efusividad: «¡JESÚS, HIJO DE DAVID!»
Saltándome la parte del medio de ese pasaje, me dirijo al final. Jesús lo mira y le pregunta: «¿Qué quieres que haga por ti?» Lo leíste bien, Jesús vio que el hombre evidentemente era ciego y le preguntó qué quería que hiciera por él. Bartimeo respondió: «Que vea Señor». Y así fue.
Aunque Bartimeo, aún siendo ciego, pudo haber pedido cualquier otra cosa si su deseo no hubiera sido recobrar la vista; como por ejemplo unas sandalias nuevas.
Lo que quiero enfatizar aquí es la actitud de Jesús. Jesús nunca impuso nada, siempre respetó la libertad de los demás. Por eso aunque la persona tuviera una carencia clara, Jesús en lugar de decir: «Te falta esto y esto, voy a resolver «, decía en su lugar: «¿Qué quieres que haga por ti?»
Ojalá que yo también pueda encarar a los demás sin decirles lo que tienen que hacer, sino respetando sus opciones de vida y preguntando: «¿Qué quieres que haga por ti?» Y si no quieren nada de mí, respetar sus decisiones sin entrometerme.
