El demonio que habita en mí

Dice la Palabra que Jesús fue tentado en el desierto.

Si bien Jesús fue tentado, nunca tuvo ninguna inclinación o fuerza interior en esencia mala, por su naturaleza Divina.

A lo largo de los Evangelios leemos diversos sucesos de personas poseídas por las fuerzas malignas, quienes eran liberados por la Palabra de Jesús.

Hoy en día reconozco que en mi interior hay una lucha entre el bien y el mal. Estoy claro que así como Dios existe, satanás también. Y la forma en la que el demonio, quien odia a Dios, busca hacerle daño, es a través del perjuicio de sus hijos, que somos todos nosotros.

Una de las grandes herramientas que utilizo para mantenerme fuerte ante las tentaciones es el Rosario. Verdaderamente noto la diferencia entre rezarlo y no hacerlo. La Madre intercede poderosamente para que el pensamiento humano trascienda y acceda a la Sabiduría de Dios. De esta forma es una gran ayuda para no sucumbir a las provocaciones del maligno.

Aún con esa y otras herramientas espirituales, como lo son la Palabra de Dios y la Eucaristía, la lucha es constante y es importante estar despierto y atento, porque el enemigo, como león rugiente, espera al acecho el primer tropiezo para arremeter.

Mi vida es una lucha constante contra las inclinaciones pecaminosas y un ejercicio en el que he de ir fortaleciendo las virtudes para vivir según los valores de Cristo.

Sí, hay una fuerza maligna dentro de mí, fruto del pecado original; pero también está la Gracia de Dios, la cual me acompaña por ser creatura de sus Manos.

Me aferro a los Corazones de Jesús y María en busca de la santidad y la vida virtuosa.

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Autor: Cuentos de una ciudad real

Un historiador de la cotidianidad.

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