
Una realidad en la que me encuentro de forma opcional; una decisión vital que resulta ser un callejón sin salida. Sin embargo, yo viendo esa pared frente a mí, dibujo una ruta en esta, simulando que sí hay un camino que seguir frente a mí.
Es una ilusión creada por mi mente creativa. Tengo una gran imaginación para crear hasta lo que no tiene razón de ser. Es impresionante las capacidades del ser humano para dar sentido a las cosas.
Tengo la capacidad de producir y dirigir una película ficticia con toda una serie de personajes involucrados y una compleja trama que puede radicar entre lo dramático, épico, fantasioso, romántico, cómico, nostálgico y con algo de suspenso.
Soy director de mi propia vida, pero esa es una autoridad que se me dio de arriba, de Dios Padre quien me otorgó el libre albedrío. Dice el libro de Génesis: “Allí está también el árbol del conocimiento del bien y el mal”.
Mi vida se trata de decisiones, decisiones que tienen consecuencias, las cuales he de asumir responsablemente. Decía un sacerdote: “Cargar la cruz no es más que asumir responsablemente las consecuencias de nuestras decisiones”.
Es por eso que, con mi capacidad creativa, mi entusiasmo y vitalidad he de decidir coherentemente los pasos a dar en la vida, para poder asumir con seguridad y satisfacción, lo que ha de venir como consecuencia.
