No lo estoy dejando entrar

Él quiere penetrar mi corazón.

Dios se da incondicionalmente y sin medida. No tengo dudas de que Él quiere traspasar mi alma con su amor.

Hace un rato pensaba que no hay amor humano ni nada en este mundo que llene el vacío de mi corazón. Meditaba en que lo único que podría darme la sensación de plenitud es el amor infinito de Dios.

Me preguntaba entonces: «Si Dios me regala su amor sin condiciones y no lo siento, ¿qué estoy haciendo mal, para no sentir ese amor divino en mi vida?»

Luego me acosté y reflexionaba sobre esa pregunta y esta otra que me hice: «¿qué tengo que hacer o dejar de hacer para dejarme amar por Dios?»

Después de divagar un poco en mis pensamientos, me puse a ver que Dios me está dando constantes manifestaciones de su amor, pero es mi forma de ver la vida, la que no me está permitiendo acoger esa Gracia amorosa del Padre.

En lugar de disfrutar el regalo de Dios, lo veo con nerviosismo y ansiedad, pensando que debo hacer o responder bien a sus manifestaciones. Es decir, no veo el regalo de su amor, sino la respuesta que doy a ello, buscando en todo quedar bien con Él.

Que curioso, no me centro en lo que Dios me da, sino en qué le doy yo a Él. Esto me parece una paradoja. Es como pensar que tengo que llenar las expectativas de Dios, por lo que tengo una constante tensión autoimpuesta sobre mis hombros.

¿Será sano pensar así? Me parece que no estoy creyendo en la Gratuidad de Dios. Creo que para que Él me de, yo tengo que darle. Como si fuera un trueque.

¿Qué puedo hacer para dejarme amar plenamente por Dios y que mi corazón se llene con su Gracia?

La pregunta queda en el aire. Y espero tu respuesta, Padre.

Avatar de Desconocido

Autor: Cuentos de una ciudad real

Un historiador de la cotidianidad.

Deja un comentario