
Tengo sed de ti, Señor. Siento una vaciedad insaciable que solo Tú puedes llenar con la Gracia de tu amor.
Tengo hambre de ti, Padre. Siento un hueco en el estómago porque a mi cuerpo le faltan los nutrientes de tu Presencia.
Tengo un anhelo inconmersurable por Ti, mi Dios. Hay algo en mí que pide a gritos abrir el corazón para dejarte entrar y restaurar todo con tu infinitud.
Te quiero a Ti, Rey Celestial. Quiero tu aliento, tu suspiro, tu susurro, tu mirada, tu abrazo, tu ternura, tu compañía y tu misericordia.
Quiero ser rodeado de tu inmensa Gloria y fundirme dentro de tu Corazón Divino.
Te quiero a Ti, Padre, te amo a Ti, te adoro a Ti, te necesito a Ti. No puedo vivir sin Ti.
Tú eres mi TODO.
