«Quedar lleno» y «quedar satisfecho»

En ocasiones he comido tanto que quedo repleto con la barriga hinchada por la llenura. En momentos como esos comienzo a sentir remordimiento por haberme desbocado tanto, e incluso siento dolor en el estómago.

Otras veces, como me está sucediendo últimamente, como hasta quedar satisfecho; no termino lleno, pero sí sé que ya no me hace falta comer más. Con lo que he ingerido ha sido más que suficiente para seguir la jornada.

Algo parecido me pasa en los diferentes ámbitos de mi vida: sentimental, profesional, intelectual, económico y personal. Alcanzo logros, tengo experiencias gratificantes y satisfactorias; pero algo me dice muy dentro: «Esto no es suficiente, quiero más».

Pienso que ese hambre insaciable de más y más logros y gratificaciones que proviene de un vacío en el alma, no puede ser saciado por ninguna de esas fuentes existentes en este mundo. Es una necesidad que solo se llenará con aquel Manantial del que mi existencia proviene.

En efecto, pienso que: «Dios es el único que puede saciar ese hambre y esa sed».

Mientras no era consciente de ello, me afanaba exhaustivamente en conseguir placeres y bienes tratando de llenarme. Claro que lo que sucedía al final era que quedaba con el mismo vacío y angustiado por mi vano intento. Quedaba más bien, lleno de remordimientos por haberme sumergido en la ambición y otras actitudes superfluas.

Por otro lado, entender que Dios es el único con la capacidad para llenar el vacío, me permite que el disfrute de aquello que ofrece el mundo se vuelva más ameno y que pueda vivir y gozar de la vida con mayor prudencia y autocontrol.

La vida es para vivirla y disfrutar de ella desde los principios fundamentados en el amor, así como Jesús mismo lo enseñó en su mandamiento más importante: «Ámense unos a otros como yo los he amado».

Procuro vivir la vida con la mirada puesta  en el Portador de la vida y aprovechando cada minuto de sano placer, que no dañe la dignidad del prójimo ni la mía.

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Autor: Cuentos de una ciudad real

Un historiador de la cotidianidad.

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