Cada quien a lo suyo – Demon Slayer

Kimetsu No Yaiba, una serie de anime japonesa cuya trama se desarrolla en un mundo en el que existen demonios que andan vagando por el mundo y devoran a los seres humanos. Pero estos demonios no pueden salir a la luz del día porque se quemarían y extinguirían.

Muchas han sido las víctimas devoradas por estos seres malignos, y unos de ellos  fueron los familiares de Tanjiro Kamado (protagonista de la serie). Entre los demonios existe una jerarquía: El líder se llama Muzan, y es quien hace surgir a dichos demonios, transformando a seres humanos comunes en estas entidades demoníacas. Y después de Muzan hay una jerarquía de demonios poderosos denominados las lunas crecientes; y sus poderes se catalogan por una numeración, del uno al siete.

Por el lado de los buenos, están los Pilares, que son unos cazadores del más alto rango quienes tienen la misión de acabar con Muzan y sus secuaces. Estos Pilares se clasifican por elementos de la naturaleza y valores; por ejemplo, están: el Pilar de la Roca, Pilar del Sonido, Pilar del Amor, Pilar del Viento, Pilar del Fuego, entre otros. Tanjiro se une con dos amigos más a colaborar con los Pilares en esta ardua misión de cacería.

En una de las misiones encomendadas al Pilar del Sonido, se le envía junto con Tanjiro y sus dos amigos: Zenitzu e Inosuke, a un pueblo en el que se dice que está una de las Lunas Crecientes, a la que se les asigna que deben cazar.

Cuando llegan al pueblo, suceden muchas cosas; tienen que pasar encubiertos disfrazándose para ir averiguando en dónde se encuentra el demonio que al parecer se hace pasar por un ser humano y en secreto tortura y hace gran mal a otras personas.

Acercándonos al desenlace se descubre que la Luna Creciente no es solo un demonio, sino dos hermanos que juntos conforman dicha Luna. Aquí es donde el tema se pone difícil; porque para eliminar a los demonios, si no es con la luz del sol, se les debe cortar la cabeza y se mueren; sin embargo, al ser una Luna Creciente conformada por dos demonios, el hermano y la hermana, se requerirá que se les corte la cabeza a los dos demonios a la misma vez, porque de lo contrario, no morirán.

Al salir a relucir ambos demonios, la batalla se pone candente; El Pilar del Sonido (Tengen) y Tanjiro se enfrentan al Demonio varón y Zenitzu e Inosuke se enfrentan a la Demonio mujer (la hermana). Cada uno está enfocado en su batalla y no tiene noción de si la pareja de compañeros han o no cortado la cabeza de su correspondiente demonio aún.

Aquí es donde me detengo a reflexionar: “Cada uno estaba ocupándose de lo suyo”, confiando ciegamente en que los compañeros harían el trabajo que les correspondía. Es así como después de una larga batalla en la que a un demonio le cortaban la  cabeza y al otro no, de manera que volvía a regenerarse; llega el momento cumbre en que ambas parejas de cazadores logran simultáneamente cortar las cabezas de cada demonio hermano para así lograr que fueran vencidos.

Un panorama como ese me hace pensar en aquellas experiencias de trabajo en equipo. Cuando se levanta un proyecto, un plan de algo a ejecutar para lograr una meta, un sueño, un objetivo; este se logra con la colaboración de todo el equipo; se dividen las tareas, se asignan comisiones y encargados por comisión. De cierta forma puede haber alguien arriba con el fin de supervisar que todo se lleve a cabo de la mejor manera. Pero, ¿qué puede hacer un miembro del equipo para que el proyecto salga bien? No sería estar pendiente de que los del otro grupo hagan lo que les corresponde, sino que lo necesario sería que ese miembro se ocupe de su tarea a realizar, que se ocupe con todo el empeño en lo que le corresponde sin necesidad de ver el trabajo ajeno. 

Cada quien a lo suyo con la mejor actitud y disposición, puede lograr que los grandes proyectos conjuntos alcancen su realización.

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Autor: Cuentos de una ciudad real

Un historiador de la cotidianidad.

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