
Qué agradable es recibir aplausos y elogios cuando uno hace las cosas bien; pero qué difícil es reconocer cuando uno se equivoca.
Dicen por ahí: “Errar es de humanos”. Pero, cómo es de desagradable para el ego, que a uno lo corrijan o le llamen la atención por hacer algo mal, ¿no crees?; sobre todo cuando en tu interior sabes que fallaste.
Hay muchas ocasiones en las que, como decimos en buen panameño, “meto la pata”, y esto trae consecuencias para mí y algunas veces para terceros también. A veces quisiera no equivocarme, sobre todo, pensando en que otros pueden salir perjudicados al fin y al cabo; y me causa pesar que por mis malas decisiones, otros tengan que pagar las consecuencias.
Escucho en ocasiones, esta frase de mi papá: “Te lo dije, pero no haces caso”. Mi papá tiene una gran intuición sobre lo que conllevarán algunas decisiones en mi vida y me advierte sobre cuáles son las consecuencias que habrá como resultado. Yo, que soy cabeza dura, le entiendo y doy fe de que va a ser así, porque tiene sentido lo que me dice. Pero, de todas formas, voy y me estrello contra la pared, para al final escuchar la frase mencionada: “Te lo dije”.
A veces me molesto conmigo mismo por errores que cometo. Quisiera no tener que errar, desearía ser perfecto y acertar en todo; pero soy humano, sé que aunque puedo perseverar en hacer siempre lo correcto, alguna que otra vez caeré en algún bache del camino. Esto sonará bien fuerte pero, odio no ser perfecto ja, ja, ja. Tengo una mentalidad de perfeccionismo y me choca caer en cuenta de que soy un ser humano con flaquezas y algunas que otras torpezas en mi actuar.
¿Por qué será que me cuesta abrazar tanto mis imperfecciones y mis desaciertos?
Tal vez ya estoy cansado de tanto fallar en algunos aspectos puntuales de mi vida.
Pido perdón por ser tan duro conmigo mismo, por exigirme con tanta dureza y enojarme con mi persona cuando hago algo mal. Odio lastimar a terceras personas más que a mí mismo; de verdad quisiera poder evitar hacerlo a toda costa. Lamentablemente sucede, a veces involuntariamente.
Que Dios me de su sabiduría para que las decisiones a tomar sean siempre pensando en favor de la dignidad del prójimo y de mí mismo.
