Hambre de besos

Que bonito es ser amado por una persona. Muchas veces he sentido eso que en algún momento mencionó Roberto Gómez Bolaños en su autobiografía: “tengo hambre de besos”.

Me encanta la soledad y no me cuesta estar solo en una habitación por horas (lo cual he escuchado de amigos, que se les hace imposible eso porque se desesperan).

Ahora bien, aunque me siento bien solo, hay momentos de mi vida en los que anhelo esos besos, anhelo abrazar y estar junto a alguien con quien pueda compartir momentos bonitos y hasta románticos.

Siempre he sido un hombre de relaciones serias. Las veces que tuve novia, procuraba dar todo de mí, puesto que para mí una relación de pareja es algo casi sagrado.

Hoy en día estoy en medio de una experiencia así y es muy lindo lo que vivo, dando todo de mí en ello.

Estoy en manos de Dios, abierto a lo que Él vaya disponiendo cada día, confiado en su santa Voluntad.

De lo que tengo certeza, es de que el Propósito de Dios se está cumpliendo en mi vida y cada día va a ir trazando el camino que me corresponde seguir. Yo seguiré diciendo las palabras que me han acompañado durante varios años: “Que se haga tu Voluntad, Señor”.

Sé que el amor de Dios es el único que puede llenar plenamente mi corazón, y el amor humano es manifestación de su amor. Pero, más allá de besos, tengo una sed de amor que no se llena con el que recibo humanamente.

He optado por dejar de pedir al ser humano, aquel nivel de amor que solo Dios me podrá dar. No digo que no se pueda dar y recibir amor entre las personas de una manera plena y bonita. Pero este huequito que tengo en el corazón, tiene el nombre de Dios plasmado; y sé que sólo Él puede entrar allí y llenarlo con su Gracia.

Tengo un hambre insaciable que necesita ser provista directamente de la Fuente, de Dios mismo. Por eso, en ese sentido, me siento inconforme. Las personas no podrán llenar ese vacío; solo el Proveedor directo del Agua viva me saciará.

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Autor: Cuentos de una ciudad real

Un historiador de la cotidianidad.

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