
Vida, se me olvidó la enfermedad; aquella que tocaba a mi puerta cada mañana de desvelo. Aquellas que atacaba a mi inconsciente con suposiciones y advertencias de peligro en el camino.
Vida, ya no tengo tormento, ya no pienso en ella. Llevo tanto tiempo desentendido de la señora Enfermedad, que se me había olvidado que ella estaba en mi hogar.
Vida, te preguntarás: “¿Cómo se me ha podido olvidar esa señora, si antes no dejaba de nombrarla y llevarla conmigo a todas partes?”.
Bueno Vida, hay una razón por la cual he dejado de un lado a la señora Enfermedad; y es que me he enamorado. Sí Vida, lo escuchaste bien. Me he enamorado de un ángel que bajo del cielo a darle luz a mis días. Su luz es tan cálida que me dio serenidad plena.
Vida, la enfermedad sigue allí, pero la he soltado para que siga su rumbo y no nos incomodemos el uno al otro.
Angel de mi vida, bienvenida a mi nueva vida, aquella que con tu luz y amor, has hecho nacer en mí.
