
Esta opinión que voy a compartir es personal:
Amar no puede ser una obligación, no si se trata de amor verdadero. Cuando hay obligación en ese sentido, eso será regido por cualquier cosa, menos amor; en muchos casos, la imposición de tener que amar a una persona, resulta ser algo que está dominado por el miedo, por amenazas o algún otro condicionamiento. La manipulación de las personas para que hagan una u otra cosa en beneficio egoísta de alguien, no carga más que odio, desprecio y deshumanización de los que la sufren.
Creo que muchas veces malinterpretamos lo que es el concepto de amar de verdad. Pensamos en el hombre o la mujer como un objeto de usar y tirar, para entonces buscar a alguien nuevo. Descartamos la dignidad y humanidad de las personas, pensando ciega y descaradamente en saciarnos de placeres superficiales, sin llegar a la profundidad del corazón, y sin ver con verdadero aprecio a quien tenemos delante.
Es muy triste que nos despreciemos de tal manera que, hablar de las aventuras sexuales con varias personas, se vuelva lo más digno de felicitación y admiración entre algunos. Creo que hay que retroceder y desaprender de esa mentalidad del supuesto amor que no es más que relaciones sexualizadas sin compromiso serio.
Pienso que el ser humano es incalculablemente valioso, puesto que es imagen de Dios; y así como es de importante, es necesario respetarlo y valorarlo.
Amar es algo que debe hacerse en medio de la libertad y sin condicionamientos, porque si no, no sería amor. La libertad va imprescindiblemente anexada al verdadero amor. Y considero bonito que una pareja pueda amarse sin condiciones, en una relación donde haya respeto, admiración, confianza, transparencia y camaradería.
Crecí en un ambiente social en el que la buena reputación la tenía quien fuera el mejor conquistador de chicas; el que anduviera con la más bonita; todo ello era digno de una felicitación. Con el pasar del tiempo he ido descubriendo lo egocéntrica que era mi mentalidad; en la cual, tomaba en cuenta mi imagen ante los demás, descartando lo que pudiera sentir aquella chica con la que me relacionaba, sin amarla de verdad.
Considero que una de las peores cosas que puede uno sufrir, es la indiferencia; sobre todo la indiferencia a lo que siente. Cuando alguien está en una relación y es indiferente con lo que siente su pareja, dicha relación se vuelve tan fría, tan fúnebre y tan triste para aquella pareja que no es tomada en cuenta con seriedad, que duele mucho más que cualquier palabra ofensiva (lo cual también duele).
Yo sé que he cometido innumerables errores, porque durante mi vida, en muchísimas ocasiones he tomado decisiones pensando únicamente en mí, y por tanto, lastimando otros corazones. La verdad es que me duele mucho el daño que he hecho cuando he ilusionado ingenuamente a una mujer, queriendo forzarme para que funcionara algo que realmente no funcionaba, generando así una gran ilusión en la pareja, para que al final, llegara a la misma conclusión que divisaba; que no era ese el camino.
La experiencia me ha enseñado que a la hora de tomar decisiones relacionadas a un proyecto de vida, hay que ser sincero consigo mismo, con lo que uno realmente quiere; y si esta decisión involucra a una segunda persona, es necesario tomar en cuenta lo que esa persona desea para su vida y si de verdad tienen la mirada puesta hacia la misma dirección, de manera que la decisión de vida sea en medio de la libertad y sin condicionamientos, porque solo así, el amor verdadero florecerá y un proyecto de vida sólido se edificará.
