
La razón dice: “Es lo mejor, todo está tomando su lugar como debe ser, para la conveniencia de los partícipes”. El corazón responde: “No quiero que las cosas se acomoden de esa manera, no me hace sentir bien”.
La razón dice: “¿No ves que las cosas están fluyendo de forma Providencial? Lo que necesitabas que sucediera, está ocurriendo. El viento sopla a favor vuestro”. El corazón responde: “Lo entiendo perfectamente y concuerdo contigo, pero, aún así, me duele mucho”.
La razón dice: “Entiendo que te duela, porque te has acostumbrado a ese estilo de vida; pero solamente dale tiempo a tu dolor, y verás que poco a poco irá desapareciendo el sufrimiento; y podrás finalmente recuperar la paz. Además, saldrás más fortalecido que antes”. El corazón responde: “Es verdad, tú tienes la razón, por eso mismo es que te nombras de esa manera. Confío en que el tiempo irá acomodando mis sentimientos, y que finalmente recuperaré la serenidad”.
La razón y el corazón muchas veces caminan de la mano; pero hay momentos en los cuáles se encuentran en medio de una contradicción; la razón afirma que el camino es uno, pero el corazón se resiste (aunque sabe que la razón está en lo correcto) y neciamente se va por otra ruta. La consecuencia es que al final, el corazón se estrella y termina magullado y malherido, reconociendo al final, que la razón tenía la razón.
Es el camino de la vida, un diálogo constante entre esas dos dimensiones del ser humano, en el que la razón y el corazón han de caminar en armonía y mutuo acuerdo, para mantener el equilibrio y conservar la serenidad que brinda una vida llevada correctamente.
