El diablo entra por los ojos

Una simple mirada puede despertar los deseos y las pasiones carnales más profundos del corazón. Dicen que los ojos son la ventana del alma. Creo que por esas ventanas pueden entrar muchas cosas, las cuales generan sentimientos y emociones positivas o negativas.
Es curioso como he subestimado tanto el hábito de lo que miro, sin darme cuenta que, en muchas ocasiones, me estoy exponiendo a encender en mí un impulso que me llevaría por un camino que la razón me dice que no es el apropiado para mí.
La mirada puede hablar por sí sola; puede manifestar amor y ternura, deseo carnal, tristeza, ira o cualquier otra emoción humana. Es muy difícil que, viendo a alguien a los ojos, no se pueda percibir su estado anímico.
Durante mi adolescencia, viví una etapa en la que me metía en muchos problemas; por lo tanto, me costaba mirar a las personas a los ojos. De cierta manera sentía que al dejarlas verme a la cara, podrían descubrir que yo estaba en malos caminos; pensaba que quedaría expuesto y eso me generaba una gran vergüenza. Muchos fueron los años que viví así, evadiendo los rostros de los demás y escondiendome dentro de mí mismo en la soledad emocional.
Qué difícil es vivir aislado de esa manera; que aunque estuviera rodeado de gente, no conectaba con nadie, y me sentía muy solo. Y es que verse a los ojos unos con otros, permite conectar emociones, experiencias, sentimientos, pasiones. El ser humano genera lazos empezando por la mirada recíproca.
Hoy en día me es sumamente natural mirar a las personas a los ojos, verlas con cariño e interactuar, creando un ambiente ameno y acogedor. Pero me tomó muchos años lograrlo, fue un arduo proceso salir de mi cascarón de soledad emocional, para poder así construir bonitas relaciones interpersonales.
Si eres de esas personas que teme mirar a los demás a los ojos, ten presente que yo también lo viví y sé lo que se siente.
Ahora bien, en la práctica de interactuar y mirar, se manifiesta lo que hay en el corazón (como decía anteriormente); es decir, que si hay malas intenciones contra una persona, ya sean en sentido pasional o de otro tipo, eso se siente y puede despertar impulsos negativos. Lo que quiero decir es que también hay que cuidar el corazón y cómo vemos a las personas. A veces una mirada malintencionada o perversa, si es recíproca, puede llevar a caminos que traigan consecuencias nefastas y de las cuáles puede uno arrepentirse después.
Cuidemos lo que vemos, y cómo vemos a las personas; procuremos siempre mantener limpio el corazón, para que lo que exprese nuestra mirada, sea bondad y amor.

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Autor: Cuentos de una ciudad real

Un historiador de la cotidianidad.

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