Cuando habla el EGO

En la empresa en la que trabajo vendemos materiales de construcción, los cuales importamos de China. Cuando se hace la compra y pasa el período de producción y travesía del contenedor, llega el momento de la gestión en aduana y la liberación de dicho contenedor para llevarlo a la plaza en la que se encuentra nuestra oficina y bodega; de manera que podamos descargar las láminas. Toda la gestión aduanera nos la hace una empresa especializada en esas operaciones. 

Para la logística de descarga del contenedor, yo estoy encargado de llamar al personal de afuera para que ayude a los que trabajan de fijo con nosotros y puedan así, descargar en dos jornadas, es decir, dos días, el material. Por lo tanto, para mí es importante ir sabiendo el día en que se estima la liberación y traída de dicho contenedor, de manera que pueda agendar los días con los trabajadores que vendrán a colaborar.

Generalmente los corredores usan una vía de comunicación, que es con la Gerente de nuestra empresa; por lo que, en ocasiones, se le dice sobre el día estimado de traslado del contenedor al sitio de descarga; de esta manera, la Gerente me hace saber también dicho comunicado para ir coordinando con el personal externo.

A veces el EGO suele salir a relucir y hacerme pensar cosas como: “¿por qué los corredores no me pueden avisar directamente a mí sobre el proceso de liberación del contenedor? 

Realmente es algo tan insignificante e irrelevante. Pero quiero destacar con esto, que muchas veces uno se siente ninguneado sin razón alguna. Uno se ofende, simplemente por la interpretación que hace de la realidad. Cuando suceden situaciones cotidianas y comunes, alguna persona puede tomarse como personal y ofensivo, algo que no tiene ningún trasfondo negativo. 

Me recuerdo de unas palabras del P. Marco Pineda cmf: “La vida es la vida, y no tiene sentido. Somos nosotros quienes le damos el sentido a esta”. 

Esta frase me hace reflexionar en que yo puedo darle el sentido que quiera a los sucesos; puedo dar un sentido negativo, o puedo darles un sentido positivo. Puedo ver el mundo como una amenaza, o puedo verlo como un sitio amigable y benevolente.

El EGO muchas veces puede distorsionar las perspectivas de manera que crea conflictos donde no habría por qué tenerlos. Creo que el EGO como tal no es ni bueno, ni malo, simplemente es lo que es. Pero cómo interpretamos las circunstancias y comportamientos del entorno, es clave para no sentirnos ofendidos.

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Autor: Cuentos de una ciudad real

Un historiador de la cotidianidad.

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