
Mamá, prostituí mi mirada. Puse la luz de mis ojos a la merced de todas las personas, con intenciones de todo tipo. Me expuse a los deseos más bajos y primitivos con la vista del deseo.
Madre, quiero aprender de ti, que tienes una mirada pura y casta; de ti que tienes ojos sanos y de ellos surgen deseos de bien y de santidad. Enséñame a ver con esa luz de tu vista y evadir aquellas miradas qué despiertan el instinto animal.
Los ojos son la vía por la que entran y salen los deseos más profundos del corazón. Dice por ahí: “De lo que abunda en el corazón, habla la boca”. Creo que también aplica a la mirada: “Lo que hay en el corazón, es lo que manifiestan los ojos”.
A veces no se trata simplemente de lo que expresa la mirada, sino de qué es lo que miramos. También puede influir en nuestros sentidos, lo que observamos, provocando desde sentimientos de ternura y benevolencia, hasta perversidad y maldad.
Madre, me propongo cuidar mi corazón para que de mi mirada solo salga bondad y buena intención; de igual manera procuraré prevenir y cuidar mucho lo que miro en la cotidianidad.
