
- ¿Qué siento?
- Siento lo que siento; no sé cómo describirlo, pero es algo parecido a una agitación interna que no se manifiesta en lo externo. La mente en su fluidez de pensamiento, se va de largo y recorre un largo camino de ideas, algunas con sentido y otras no. Al fin y al cabo, no hay claridad, pero sí una ligera y casi imperceptible respiración afanosa.
Hay momentos en los que hay en mí un poco de irritabilidad; nada que no pueda controlar, pero sí una mayor sensibilidad a los estímulos externos. Es como si quedara predispuesto para reaccionar agitadamente al entorno.
En momentos como esos, pienso que un buen descanso me devolverá la serenidad interior; y en efecto, es así. La agitación que describo está relacionada con la falta de sueño reparador; es decir, dormir pocas horas en la noche.
A veces es difícil ver el mundo como es, con su naturalidad y fluidez; porque la turbación interior ofusca la mente, haciendo ver como si el entorno fuera agresivo o poco amigable. Sin embargo, fuera de lo que uno esté pasando internamente, el ambiente exterior es siempre el mismo, todo fluye. Son esos momentos de afán en los que es importante detenerse y dejar que los pensamientos acelerados fluyan sin ponerle barreras; porque entre más haga uno fuerza contra ellos, más se agitará la mente. Dejar fluir, y así como vienen los pensamientos, se irán. No es fácil hacerlo, pero es lo más conveniente. Es como cuando hay una gran tormenta; lo más seguro es quedarse resguardado en casa hasta que pase. Una vez que se calma la tempestad, puede uno salir a tomar aire fresco.
Es importante ser paciente con uno mismo; principalmente cuando está exaltado, intranquilo, enojado; y una vez que pase ese diluvio interior, podrá uno ver con mayor claridad al mundo como es.
La vida a veces se torna como una montaña rusa. En mi caso sucede mucho por mis circunstancias vitales, aunque últimamente no ha pasado mucho. Pero a lo que me refiero es a lo siguiente: “Tres etapas”, la ansiedad, la calma y el desánimo.
- En momentos de ansiedad, mi solución es hacer lo menos posible; simplemente lo que me corresponde con respecto a responsabilidades. Por lo demás, evito tomar decisiones precipitadas en los demás aspectos (personal y social principalmente).
- En los momentos de calma, me dejo llevar por la naturalidad de mis iniciativas e impulsos creativos, además de cumplir cabalmente con mis responsabilidades y dar una milla extra si es posible.
- En los momentos de desánimo, me toca hacer un esfuerzo sobrehumano, pero lo hago para cumplir mis deberes, añado a fuerza algo de ejercicio y entretenimiento para sobrellevar el desaliento distrayendo mi atención.
Escuchaba a alguien hablar del concepto de esperanza, como aquella convicción de que lo que está guardado en nuestra esencia, se va a desarrollar con el tiempo. En otras palabras, el propósito para el que fuiste creado, se va a cumplir de una u otra manera; solo has de dejar fluir tu vida en su ritmo natural. Yo veo mi vida, en medio de las tres etapas mencionadas arriba, como parte de un Proyecto Divino, que sea como sea, va a ir avanzando por la vía del sentido vital por el cual he nacido.
Mi oración sigue y seguirá siendo: “Señor, que se haga tu Voluntad”.
