
Hay distracciones que hacen perder de vista la esencia del entorno, hacen perder la conciencia del presente. Desubican la mirada quitándole el paisaje del amanecer, para dirigirla al lodo que cubre los pies.
Hay distracciones que entorpecen las acciones y las palabras; vuelven incómodos los silencios y perturban la mente. Vuelven desconocido el mundo y desentienden al ser humano de las necesidades y situaciones del que está enfrente.
Aquellas distracciones son como el veneno de una serpiente, que entra en la corriente sanguínea y silenciosamente va llenando a todo el cuerpo con su sustancia, provocando poco a poco la muerte del ser.
Líbrame Señor de esas distracciones que no me permiten seguir adelante con mi propósito de la mejor manera. Aquellas distracciones que vuelven espinoso a mi corazón y lo inhiben de la empatía con la existencia humana, animal y vegetal.
Padre, que no pierda el enfoque de lo verdaderamente importante. Que no desvíe mi atención de la proyección pura y sincera hacia el prójimo y, que no tenga oídos sordos al clamor de los que sufren.
Han sido muchas las veces que me he distraído y perdido en el mundo de la banalidad, desaprovechando la oportunidad de disfrutar de la paz que tú, mi Dios, puedes brindar a la conciencia tranquila y fiel a Ti y a sí misma. Hoy, con la mente clara y la conciencia tranquila, puedo ver lo valioso que es mantenerse libre de aquellas distracciones tan nocivas para la mente, el cuerpo y el alma.
Ya sé cuál es la solución, cambiaré las distracciones por ocupaciones. Ocupaciones que me permitan desarrollar el potencial que llevo dentro, poner en práctica mis talentos y crecer en todos los aspectos, para alcanzar un estado de mayor plenitud y comunión con Dios.
Cada vez que llamen a mi puerta las distracciones, cerraré con llave y dejaré entrar por la ventana a las ocupaciones.
