No tienes que entretener a nadie

¿Te ha pasado alguna vez esto? Vas a un encuentro con amigos, una reunión familiar o cualquier evento social y piensas: “¿Qué puedo hacer o inventar esta vez para llamar la atención de la gente?”

No sé si lo has vivido, pero a mí me pasó por muchos años, prácticamente toda mi niñez, adolescencia y parte de mi adultez. Me hacía con la carga de entretener a los demás, de evitar silencios incómodos y ser en ocasiones el hazmerreír. Gran peso que ponía sobre mis hombros.

Esto era mi pan de cada día hasta que me di cuenta que yo no tenía la obligación de romper los silencios; no era mi deber que la gente que estaba seria se riera. No tenía la necesidad de hacer payasadas para llamar la  atención en el ambiente.

Esas responsabilidades innecesarias fueron causa de agobio muchísimas veces. Sentía tal presión por ello que hasta me juzgaba fuertemente si no lograba el objetivo.

Qué gran alivio he sentido después de darme cuenta de que estaba llevando una responsabilidad que no me correspondía; cuando solté esa mochila y comencé a andar ligero de esa exigencia autoimpuesta.

Esta difícil experiencia de tantos años me ha hecho entender que, no hay por qué ser la entretención de nadie. Lo más oportuno y realmente necesario, si se quiere tener paz y serenidad, es ser uno mismo, auténtico; y proyectar la personalidad propia del ser, ya sea introvertida o extrovertida. Considero que lo fundamental es vivir bajo lo que dicta la conciencia y según quién uno realmente es.

Espero poder siempre ser fiel a mi, y con esa autenticidad, vivir mi vida personal, interpersonal, profesional y, sobre todo, mi relación con Dios.

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Autor: Cuentos de una ciudad real

Un historiador de la cotidianidad.

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