
Recuerdo aquella noche del año 2013, empezaba el período de catequesis de confirmación, y a mí, en mi nuevo rol de catequista, se me había encargado un grupo de jóvenes.
Esa noche estaba sentado en mi cuarto repasando el temario del libro rojo de catequesis. Me sentía muy emocionado y a la vez, ansioso. Pero lo que sobresalía era alegría eufórica concentrada por este nuevo reto y responsabilidad que se me había confiado.
Aquel primer domingo en la tarde, mi colega catequista Juan Carlos y yo nos encontramos con el que sería nuestro grupo de confirmandos durante ese primer año.
Estábamos en la Capilla de Fátima del Santuario, y se volvió un hábito muy emocionante, llegar domingo tras domingo, con la debida preparación para darles un tema a los jóvenes. Aún con la preparación que tuviera, los chicos siempre encontraban la manera de hacer preguntas que nos pusieran en aprietos. Pero de una u otra manera, se encontraba una respuesta, aunque tuviera que intervenir el párroco qué en un momento dado estaba de paso por el lugar.
Esa etapa de mi vida la viví con tanta alegría, puesto que era la primera vez que se me daba una responsabilidad de esa magnitud, la de ser guía y orientador de jóvenes en torno al seguimiento de Jesús.
Parte de mi rol con el grupo de jóvenes también era organizar la participación en la misa, desde los proclamadores, monitor y los de la colecta. Se me daba muy bien dar las indicaciones a los asignados, puesto que veía que lo entendían todo muy bien y terminaban haciendo un gran trabajo.
El compañerismo que se creó con los otros catequistas del equipo fue lindo. Con una dosis de buen humor, siempre sabíamos cómo complementar de manera perfecta, el cumplimiento de los deberes, con los chistes y diálogos amenos.
Ver finalmente a esos jóvenes recibir el Sacramento de la Confirmación y años más tarde toparme con algunos de ellos, quienes manifiestan un gran aprecio, es algo que no tiene precio.
Estoy muy agradecido con Dios por haberme permitido ser catequista de Confirmación durante un par de años y experimentar la responsabilidad de ser guía para esos jóvenes.
