Voluntad de Dios y libre albedrío

Señor,

Qué difícil es ser libre. Tener la posibilidad de elegir cualquier camino para andar. Ver frente a mí, infinitas posibilidades, opciones de vida con sus consecuencias.

Me gusta abandonarme en tu Voluntad, Padre. Para mí, lo más sencillo es decir que se haga según tus designios. Pero eso no me exime del libre albedrío. Por más que yo ore pidiendo que se haga tu Voluntad, Tú me das la responsabilidad de tomar las decisiones dentro de mi libre albedrío.

Pensaba que era más sencillo. Asumí que entregarme a tu Voluntad incluía no tener que preocuparme por decidir. Pero no es así, al igual que la Virgen María y Jesús, quienes en el camino fueron discerniendo para tomar decisiones, también a mí me toca reflexionar para seguir el camino más conveniente.

Sé que fuera de todo eso, Tú tienes el control, Padre. Pero qué difícil es tener la libertad en medio de ello, para seguir cualquier camino.

En el pasado tenía la mentalidad de que las oportunidades que se me dieran, fueran las que fueran, había que aprovecharlas porque eran parte de la Voluntad de Dios. El asunto fue que a veces eran oportunidades para hacer cosas que no necesariamente iban según mis convicciones de vida o que no eran convenientes para mí. Pero, como tenía en mi mente esa idea, iba adelante y me tropezaba innumerables veces. Después cuestionaba a Dios por mis caídas, sin darme cuenta de que no era Dios el responsable, sino yo que libremente había optado por tomar malas decisiones.

Hoy me he encontrado cara a cara con la libertad y ella me ha dicho que está a mi merced. Me dijo: “Enoc, aquí estoy, soy tuya, no culpes más a Dios o a tu entorno por la consecuencias de tus decisiones. Es hora de que me tomes bajo tu responsabilidad y vivas conscientemente frente a cada opción que tomes en la vida, asumiendo el porvenir responsablemente”.

A partir de este momento, veo la vida de forma diferente. Ya no son los que me rodean los responsables de mi estado de vida, soy yo quien, con la libertad que me da Dios, sigo el camino que creo más conveniente para mí.

Pero aún en medio de esta libertad, seguiré clamando y orando a Dios para que haga siempre su Voluntad en medio de mi libertad.

Es muy irónico, pero no había visto la libertad de la que soy poseedor, hasta hoy. Veo infinitas posibilidades de cara a mi futuro. Pero, no me afano, porque sé que Dios tiene un propósito para mí. Yo elijo, pero Dios tiene un plan conmigo. Entonces, guardaré la calma y caminaré con los ojos abiertos para ver lo que Dios vaya presentándome adelante, y así, tomar las decisiones más acertadas, aprovechando cada oportunidad que viene de Él y por otro lado, rechazando las opciones que me alejan de su presencia.

Me causa interés y cierta curiosidad la dualidad entre la Voluntad de Dios y el libre albedrío Una mezcla que tal vez puede estar en armonía o en constante conflicto. Es un dilema para mí, porque todo está en las Manos de Dios, pero a la vez, yo decido si actuar moralmente bien o si hago alguna cosa que me perjudique o sea perjudicial para terceras personas. Creo que el ideal para vivir en armonía es buscar a través de mi libertad, hacer la Voluntad de Dios; y eso lo haría abriendo bien los ojos para identificar qué es lo que Él quiere. Creo que Dios es como una luciérnaga que va delante de mí, con su brillo va guiándome, solo me hace falta estar dispuesto y atento para reconocer su luz y simplemente seguirla.

Pienso que la clave no está en lo que yo decida hacer como tal, sino en que pueda reconocer la acción de Dios para seguir su rastro y actuar acorde a su Voluntad.

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Autor: Cuentos de una ciudad real

Un historiador de la cotidianidad.

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