
Hace unos días compartía en una amena conversación con Karla Castillo, quien expresaba cómo había aprendido a ser dócil a las inspiraciones del Espíritu Santo. Fue contando su maravillosa historia, y cómo a través de la música, la cual era su pasión desde temprana edad (ya que la llevaba en la sangre, proveniente de una familia en la que del lado paterno y materno había historial artístico), fue encaminando su vida bajo la dirección de Dios Padre.
En medio de su experiencia como cantante en la iglesia, viviendo esa pasión por la música, sufre la pérdida repentina de su voz. Estuvo un par de años, prácticamente, sin voz. Veía al coro de la iglesia cantar, y sentía tristeza de no poder estar allí para hacer aquello que le apasionaba tanto, alabar al Señor con su voz.
Una noche de adoración, ocurrió un milagro. Ella estaba sentada en la última banca de la iglesia, y el sacerdote mientras predicaba, caminó por el pasillo central hasta el final, la miró a los ojos y le dijo algo así como: “Y tú, ¿por qué no estás sirviendo al Señor?
Ella, una mujer que había recibido el dictamen médico de que no volvería a cantar nunca más porque sus cuerdas vocales estaban achicharradas por la secuela de un problema de salud grave que había tenido, sintió que Dios le había hablado directamente a través del sacerdote. De manera que, tomó valor y, más adelante, contra todo diagnóstico científico, pidió que le permitieran integrarse al coro nuevamente. Al comienzo se quedaba frente al micrófono, y apenas cantaba. Pero poco a poco, se fue armando de valor y, milagrosamente, fue recuperando su voz. Sorprendentemente, pasó de un tono de voz cuando cantaba antes del suceso de salud, a otro diferente ahora que la había recuperado. Ahora tenía más opciones de tonos para cantar.
Posteriormente de dichos acontecimientos, retomó su compromiso por el canto al Señor y, fueron abriéndose puertas a nuevos proyectos, uno de ellos: “Voces Católicas Latinoamérica”. En el que artistas católicos de distintos países han ido formando una red de evangelización musical, y llevan a cabo cada cierto tiempo, giras para llevar a través del canto, la Palabra y el Amor de Dios a los demás.
Karla me decía que la razón por la cual ella ha logrado todo aquello, ha sido por su docilidad al Espíritu Santo. Es decir, que ella ha sido un instrumento de la Acción de Dios, quien ha ido dirigiendo sus pensamientos y acciones de manera Providencial.
Escuchar su testimonio despertó en mí un profundo amor por el Espíritu Santo; y también, un gran anhelo por ser y permanecer con esa docilidad ante Él, para que haga la Obra de Dios en mí y a través de mí, para el bien del mundo.
El Espíritu Santo me enseña que es importante que aprenda a soltar el control de mi vida. Que soy un canal por medio del cual, Él quiere manifestarse y actuar. Simplemente, tengo que dejarlo fluir en mí. Él me irá guiando; tan solo necesita de mi disposición y libre decisión de dejarme habitar completamente por Él.
Espero ser dócil al Espíritu Santo y que mi vida sea la expresión máxima de la Voluntad de Dios.
