
El deseo de la carne sin compromiso, cuando tiene el mutuo consentimiento de dos personas que lo expresan el uno al otro, despierta un deseo insaciable por aquella posibilidad que se presenta, aquella puerta que se abre hacia el placer gratuito e interminable.
Cuando entras en ese ciclo de placer con una persona, es casi imposible salir de allí. Se transforma en una prisión, porque el cuerpo siempre te pide más y más. Tener la intimidad sexual satisface en el momento, pero pronto volverá a despertar el deseo por repetirlo.
Las dos personas se transforman en esclavas, la una de la otra en torno a ese acto libertino. Es como entrar en una rotonda sin salida. Recorres y recorres, y por más que avances, sigues en el mismo círculo, sin llegar a ninguna parte.
Poco a poco se va perdiendo la alegría y la espontaneidad que te caracteriza. Levantarse en las mañanas se hace más difícil. La cotidianidad se transforma en una carga pesada, y el entusiasmo por la vida se reduce al deseo de placer y más placer.
Yo he estado varias veces en esa cárcel del placer consentido, y por mis propias fuerzas no he podido salir. Por experiencia me atrevo a afirmar que, el ser humano no es capaz de salir por su propia cuenta de esa atadura una vez que está inmerso en esa dimensión de vida. Es por eso que, cuando me encontraba enredado en ese laberinto de pasiones, recurrí a una Fuerza mayor, para que me ayudara a liberarme y recuperar la paz. Mi refugio fue la oración y el rosario. Comencé a orar y rezar incansablemente. Le pedía a Dios que si no me convenía seguir allí, que me sacara de esa circunstancia. Rezaba cada noche el Rosario y, ese momento de silencio y contemplación, se transformaba en un espacio para serenarme y recobrar aunque fuera por unos instantes, la paz en el corazón, y poder así, discernir sobre la situación en la que me encontraba.
El placer de la carne es demasiado exquisito, es como un dulce manjar que puedes saborear sin empalagar, pero que tarde o temprano te causa indigestión espiritual. Es por eso que, lo que yo recomiendo cuando se está encarcelado en ese asunto con otra persona, es que se acuda a esa Fuerza Superior de Dios Padre y la Virgen María, para que te den la fuerza, el valor y la sabiduría, para escapar y salir ileso de ese ciclo tan placentero, pero perjudicial.
