
¿Por qué he de ser conformista en la vida? Y no me refiero a lo material; sino al amar.
¿Por qué conformarme con dar una sonrisa, si puedo también dar algo que comer a aquella persona que pasa hambre?
¿Por qué conformarme con pensar que amo a una persona y no expresarlo con palabras para que lo escuche de mi boca?
¿Por qué conformarme con saludar con la mano a esa persona, y no darle un fuerte abrazo?
¿Por qué conformarme con formar justamente mi fila en el supermercado, y no darle paso a la señora que está detrás de mí y que solo lleva en mano dos artículos para pagar?
¿Por qué conformarme con llamar a mi madre, y no voy a visitarla en persona para pasar un rato ameno?
¿Por qué conformarme con comprar una soda, y no comprar dos para darle una al conserje del edificio?
No creo que haya que ser conformista en cuanto a la práctica de amar. Más bien hay que dar siempre un paso extra con respecto a los detalles de cariño, amabilidad y ternura que puedo tener hacia el prójimo. Porque más que hacer un bien a esa persona, me hago un bien a mí mismo. Uno da, pero lo que recibe es mucho más grande: “Gratificación, plenitud, paz y regocijo”.
“Quien no vive para servir, no sirve para vivir”.
