
A veces uno podría pensar: «Si Dios es bueno, ¿por qué tengo que pasar por carencias?»
Estoy cien por ciento seguro de que Dios es un Padre providente que cuida de sus hijos con todo el amor. Sé que en el mundo hay muchas realidades difíciles e inmensamente injustas.
De lo que estoy convencido es de que Dios ha dotado al ser humano, del ingenio, la inteligencia para resolver problemas y buscar, ante todo, el bien común. El asunto aquí que complica todo, es cuando el ser humano utiliza su gran intelecto, para levantar muros y buscar únicamente el bien propio, actuando así, de manera egoísta.
Pienso que el asunto no es que Dios no cuide de sus criaturas, sino que el ser humano no hace buen uso de los dones qué Dios le dió.
Dios creó a la humanidad a su imagen y semejanza, y Jesucristo, Dios hecho hombre, nos enseñó que el sentido de la vida está en amar y servir. La vida adquiere sentido en el donarse por el bien del prójimo. El día que entendamos eso y lo practiquemos, dejará de haber personas sin hogar, sin alimento y sin amor.
Dios es bueno y quiere lo mejor para cada uno de nosotros, sus hijos, pero necesita que la humanidad ponga de su parte y haga buen uso de las capacidades como el ingenio del que nos dotó, para vivir con plenitud, el mandamiento más importante que nos dejó: «Ámense unos a otros como yo los he amado».
