
Estaba caminando por el sendero del bosque oriental, en medio de la oscuridad de la noche sin luna, cuyo cielo estaba cubierto completamente de nubes. No se alcanzaban a ver las estrellas. No había ningún solo destello de luz que me mostrara lo que se encontraba en el terreno del camino sobre el que iba poniendo mis pasos.
Yo caminaba con paso firme, sin dudar, aunque no veía nada. De pronto, a unos seis metros delante de mí, veo unas pequeñas luces que parpadeaban, seguí caminando con mucha cautela y descubrí que eran unas luciérnagas. Ellas estaban allí, dando destellos de luminosidad en medio del universo de oscuridad que rodeaba todo el ambiente.
Me acerqué poco a poco y las luciérnagas seguían volando sobre el mismo sitio en el que se encontraban cuando las vi por primera vez, iban moviéndose en círculos sobre un mismo lugar.
Llegué al lugar y vi que las luciérnagas que volaban circularmente, estaban sobre una pantalla que se encontraba adherida al suelo. Esta pantalla estaba encendida y proyectaba una serie de imágenes que al principio me parecían inentendibles. Pero sentándome y observando detenidamente pude ver de qué se trataba. Era una escena horroroza, aparecía un grupo de personas agrediéndose de forma descontrolada y causándose terribles daños físicos. Al terminar quedaban todos tirados en el suelo, malheridos, desesperados y tristes, llorando y lamentándose por todo el sufrimiento que habían causado y que a la vez les habían provocado a ellos. Era una escena trágica y de desgracia total.
De pronto la pantalla se apagó y las luciérnagas comenzaron a unirse como una sola. La luz que emanaban se fue haciendo más grande en la medida que se fusionaban, hasta que tomó la forma de una mujer. Era una silueta perfecta de una mujer cuyos rasgos no se distinguían por el destello que irradiaba con su luz.
No pude más que quedarme mudo y observando aquella escena que parecía sacada de una película de ciencia ficción. De pronto escuché una voz que me dijo:
«Eso que acabas de ver es lo que se causan los seres humanos una y otra vez en busca de la satisfacción de placeres y caprichos de forma egoísta. El ser humano está destruyendo su propia dignidad y la de quienes le rodean. Están causando su autodestrucción, empezando por su propia moralidad. Están los que ocasionan todos estos males, y también quienes alimentan su morbo viendo en pantallas este y otro tipo de atrocidades que enseñan el lado más salvaje y destructivo de la humanidad. Tú estarás expuesto a esta realidad, pues es algo que engloba a todo el mundo y estará siempre allí presente, esperando a ver quién cae en la adicción que encierra. No desprecies a aquellos que causan esas desgracias y provocan esos grandes sufrimientos, no te enemistes con ellos, tampoco te sientas mal por haber visto esas escenas. Lo que sí puedes hacer con gran esmero es trabajar en ti, abrir los ojos y ver la realidad como está, sin maquillarla ni adornarla para ocultar la crudeza de la vida. Sé consciente del mundo en el que estás, con todos sus matices. Vive con los pies sobre la tierra y conecta con lo más profundo de la humanidad que te rodea. Crea vínculos sólidos, penetrando en la mirada de quien acude a ti. No pierdas el vínculo, mantenlo y fomenta a través de aquellas conexiones, lazos afectivos que promuevan los valores que lleven a esta humanidad a fortalecer la fraternidad y el amor verdaderos, aquellos que realzan la dignidad humana y buscan ante todo el bienestar del prójimo».
Después de haber escuchado esas palabras, la luz se desvaneció, y todo a mi alrededor desapareció. Cerré mis ojos por unos segundos, y al abrirlos, me encontraba en medio del mismo bosque, pero ahora era de día, unos tímidos rayos de sol pasaban a través de los árboles y alumbraban mi rostro, comencé a sentir una suave brisa y sentí una gran paz en mi corazón.
Entendí que aquello que había experimentado era un mensaje de la naturaleza divina, para volver mi mirada a lo verdaderamente importante de la existencia humana. Decidí seguir sus consejos y comenzar a conectar con la humanidad teniendo como base, el amor y el realce de la dignidad humana.
