
Él fue una persona impersonal, sus potenciales amigos trataban de dialogar y entablar un vínculo afectivo con él; pero él no tenía rostro. No habían ojos con los cuales conectar, no había empatía para enlazar la humanidad. Era una persona sin expresiones faciales visibles, sin lazos para enlazar su vida a la de otros.
Tenía una sombra en la cara, lo cual no permitía ver nada. ¿Su sonrisa dónde está? ¿su mirada? ¿sus expresiones faciales? ¿Dónde está la humanidad emocional de esa persona? ¿Por qué no hay nadie que pueda despejar la oscuridad de su rostro y ver quién se encuentra detrás?
Él tenía algo muy curioso. Porque en un momento dado comenzó a desvelarse su sonrisa. Solo su sonrisa, no había mirada. Por lo tanto, todos nosotros solo veíamos un rostro oscuro sonriente y que gritaba tonterías con una gran energía y entusiasmo. Para nosotros simplemente era un ser que buscaba entretener. Pero, como no habían ojos, no podíamos conectar con él, solo nos guíabamos por su risa, asumiendo que siempre estaba feliz.
Ahora llegó el momento en que se desveló la oscuridad del área de sus ojos, y pudimos ver a la persona detrás de la sombra, logramos identificarlo y conocer sus emociones. De pronto todos quedamos en silencio, admirados y contemplándolo mientras comenzaba a decir lo siguiente:
Hola, es un placer conocerlos a todos. Tenía muchas ansias de ver el mundo como lo miro ahora. Solamente que no sabía cómo quitarme el velo de la oscuridad que me cegaba. Ochenta y nueve años estuve caminando por el sendero de la vida sin entender lo que era el amor y el vínculo afectivo humano. Me he sentido muy solo todos estos largos años, puesto que estaba acompañado por personas a mi alrededor, pero emocionalmente me sentía completamente aislado. Es difícil vivir siendo ciego del amor. Pero ahora se terminó mi soledad no buscada. No sé cómo pude vivir casi un siglo de esta manera. Pero ahora, en los pocos años que me quedan de vida, es que voy a vivir verdaderamente. Permitiré que este último período de mi existencia valga la pena.
Así se expresó aquel hombre que apenas podía sostenerse en pie con su bastón de caoba.
Esta es la realidad que aquella persona, que fue impersonal, enfrentó sin haberlo merecido. Pero no veía necesario ni útil buscar culpables o sentarse a pensar sobre por qué había tenido que pasar por ello. Lo que le importaba era que todo lo que había pasado, no fue en vano. Sabía que un gran Propósito existía detrás de lo vivido y que ahora era cuando se iba a llevar a cabo la misión para la cual había venido a este mundo, para la cual se había estado preparando durante toda su vida. Fue una persona impersonal por 89 años, para poder ser durante el resto de sus años, la persona más personal que jamás hubiera existido. Ahora era tiempo de conectar y amar hasta el extremo.
