
Esta noche es más oscura que todas las anteriores, pero aún así, en medio de las nubes que opacan la visibilidad del ambiente, hay una brillante luz que me da un poco de claridad para divisar el camino que recorrerán mis pies. Esa luz proviene de la luna llena, aquella que prometió guiarme sin importar lo que sucediera.
A mi alrededor todo es oscuridad, pero por alguna extraña razón, aquella luna lanza una luz lineal desde mi posición hasta el infinito horizonte. No hay manera de perderme si me mantengo dentro del sendero. Solo me corresponde dar un paso tras otro, con paciencia e ignorando lo que las penumbras a mis lados puedan ocultar. Sé que no hay nada lateralmente, aunque el misterio de la noche haga parecer que puede salir algo tenebroso. El único fantasma que puede aparecer es el que crea mi pensamiento.
Por alguna extraña razón (que no quiere decir que no tenga explicación), mi mente creó desde la temprana adultez, un personaje tormentoso, con nombre y apellido, una personalidad intimidante y una presencia verdaderamente espeluznante. Lo más complicado de este asunto, fue que dicho ser no era visible ni palpable, obviamente, pues no existía, nunca existió. Pero el miedo tiene algo particular, y es que cuando te envuelve con una idea, esta puede parecer tan real que el cuerpo, responde como si lo fuera, alterando los nervios, el funcionamiento del organismo y paralizando todo el sistema humano.
Pero ahora que se me ha revelado la ilusión de aquel fantasma inexistente, puedo caminar tranquilo, aunque no vea nada a la derecha ni a la izquierda. Sereno, con una confianza plena en la luz de la luna que me guía, puedo caminar despacio, sin prisa y paso a paso. Sé que mi cuerpo recuerda todavía los miedos y reacciones adversas por aquello que nunca fue real. Pero he de educarlo para que aprenda a relajarse y desaprenda las alteraciones que fueron cotidianas durante muchos años.
No sé lo que me espera, pero sé que el terror desapareció para nunca más volver. Ahora solo queda dejar que mi cuerpo marque las pisadas y me lleve hacia adelante, sin mirar a los lados, sin mirar atrás. La Madre Luna me guiará hasta llegar al destino para el cual me ha concebido. ¡Aquí voy!
