
Desde hace mucho tiempo el sueño se convirtió en un dilema sin solución clara. Habían noches de desvelo y otras de haber dormido excesivamente. Pocas noches eran de un sueño del tiempo exactamente necesario.
El sueño se volvió un dilema desde que el doctor Alberto dijo que era un dilema. Desde que se inventó la teoría del caos y la estabilidad frente a la cantidad de horas dormidas. Esto ocasionó un colapso nervioso en aquel hombre que ciegamente creía todo lo que le decían.
«¿Por qué el sueño tiene que ser un dilema?» Se preguntaba aquel hombre joven con su mirada llena de curiosidad e inconformidad. Se preguntaba también que por qué tenía que temer al desvelo de la noche anterior y vivir el día posterior con nerviosismo y ansiedad.
El chico de pronto se cansó de temer a causa del dilema del sueño, y resolvió soltar toda duda dejando en el tinaco el cuestionamiento del buen o mal dormir de una noche. De pronto decidió permanecer despierto toda aquella jornada nocturna para desafiar la teoría que atascaba sus ideas en el dilema del sueño.
Fue así como aquel hombre se enfrentó al más grande de los monstruos creados por sus temores. Se levantó con la frente en alto y esperó pacientemente toda la noche despierto y el día siguiente, a que apareciera aquella criatura del dilema del sueño para medirse en una batalla con él y demostrar que la vencería por fin.
Resultó ser que después de una noche despierto y toda una jornada diurna sin haber dormido, el monstruo nunca apareció. Aquel hombre descubrió que el dilema del sueño no había sido más que un invento de un doctor ignorante e incrédulo que reflejaba sus miedos a los pacientes a través de su propia estupidez.
El hombre nunca más tuvo miedo a aquel fantasma inexistente y a partir de allí, durmió mejor que nunca cada noche.
Muchas veces hemos de enfrentarnos a aquello que más tememos en nuestro pensamiento, para darnos cuenta que no era más que una vana ilusión.
