Ilda tiene dos caras

Ilda tiene dos caras, por un lado muestra frialdad y neutralidad en sus expresiones. Pareciera que nada le afectara; se ve como una persona sin sentimientos que simplemente vive el día a día con una coraza que no permite a nada ni a nadie alterar sus emociones. Por otra parte se muestra cálida y llena de ternura, con una constante iniciativa para socorrer y consolar a todo aquel que necesite ayuda, y siempre se conmueve con el dolor ajeno.

Ilda, a veces se encuentra en medio de aquellas dos facetas, en un limbo que la hace dudar de la verdadera esencia de su ser, se pierde en una crisis de identidad, buscando entre los dos rostros, ¿cuál es el que realmente la identifica con quien es en realidad? Ella se aisla cuando está en su faceta fría y busca cercanía con otros cuando está en su lado cálido. Ilda divaga entre dos mundos que van en rutas distintas. Evita dirigirse durante mucho tiempo hacia cualquiera de las dos facetas, para no perder la identidad de una de ellas.

Ilda se encontraba en uno de esos momentos de incertidumbre, cuestionando su propia existencia y preguntándose quién era ella verdaderamente. De pronto una flor a sus pies expulsó un aroma que la hizo dormirse. De pronto se vio en medio de un hermoso campo, lleno de todas las variedades de flores, con los más deleitables olores, los cuales la extasiaban de placer en su sentido del olfato.

Ilda descubrió en ese momento, como por medio de una iluminación de lo alto, que su identidad estaba en medio de los dos rostros. Se dio cuenta que no tenía que viajar a ninguno de los dos lados; no hacía falta utilizar aquellas dos caras. Porque eran solo un disfraz para adaptarse y encajar en su entorno, para complacer a la muchedumbre.

Ilda ahora podía renunciar a las dos máscaras, a los dos rostros que se colocaba de manera forzada. Descubrió que la plenitud de su vida estaba en ser fiel a su verdadera identidad. Nunca más forzó su apariencia y su rostro se vio como nunca antes, porque ahora mostraba una serenidad auténtica. Finalmente Ilda se sintió libre y feliz en todo su esplendor.

La mejor apuesta que puedes hacer en la vida es la de ser fiel a ti mismo, a tus principios y a tu identidad. Solo así podrás ser libre de las imposiciones que muchas veces el mundo quiere cargar sobre ti.

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Autor: Cuentos de una ciudad real

Un historiador de la cotidianidad.

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