
Siento algo diferente, como nunca antes me había sentido. Hay paz sobreabundante dentro de mí, aún cuando ha tocado enfrentar y resolver varias situaciones problemáticas. En un momento dado surge estrés en medio de dichas circunstancias, pero cuando llega la noche y me acuesto para dormir, resulta que me encuentro con el corazón apaciguado, sereno y lleno de fe.
La paz que siento es diferente a la que he experimentado antes, ahora hay más profundidad en este sentimiento. Porque antes los acontecimientos adversos desmoronaban la tranquilidad de la mente y el corazón. Pero ahora esos inconvenientes se han vuelto una experiencia más que toca vivir sin conectarse necesariamente con mi estado emocional calmado y confiado.
Anoche esperaba sentirme intranquilo por una serie de sucesos complicados que ha tocado enfrentar recientemente. Sin embargo, fue todo lo contrario; más bien, sentí un estado de ánimo bajo, pero no de desánimo, sino como un llamado de mi cuerpo, a descansar. Ese estado me facilitó dormir plácidamente.
Estoy aprendiendo a vivir plenamente cada estado de mi cuerpo, mente y alma, sin ninguna alteración extraordinaria, más bien con aceptación y abandono, confiando en el flujo de mi vida, teniendo siempre presente a Dios, la Virgen, los Ángeles y Santos.
