
Hey Toribio, te vi la semana pasada en el Festival de las Polleras en Río Grande. Estabas tomando un mojito y comiendo tamal de olla. Se te veía bien, con una sonrisa de oreja a oreja y lleno de vitalidad. La gente iba y se acercaba a saludarte para conversar y reírse de tus ocurrencias, disfrutando de tu buen humor. Qué chévere es que tengas ese don para contagiar de alegría y risas a las personas en tu entorno. Cuida ese don, Toribio. Eres portador de vida y ganas de vivir.
Una noche pensaba en lo importante que es provocar sonrisas en la persona que se encuentra contigo. Es sumamente beneficioso para ambos. Alguien puede estar pasando por un muy mal momento, pero un comentario agradable, que le saqué por un momento de ese pensamiento para llenarlo de carcajadas o por lo menos una sonrisa, es como el oro en polvo; realmente valioso.
Me gusta el buen humor Toribio, te felicito por buscar siempre el lado bueno de las personas y de las circunstancias. Gracias por enseñarme a ser un multiplicador de risas y buen ánimo. Sigue llevando luz en donde solo hay oscuridad; lleva entusiasmo donde hay aburrimiento y esperanza donde hay desánimo; esa es la mayor de las misiones. A veces puede parecer que alegrar a una persona es algo pequeño, pero, ¿sabes qué? Creo que Dios te llama a hacer grandes cosas en las pequeñas cosas.
Estás llamado a hacer grandes cosas Toribio, pero en lo pequeño. Cuando sumes todas esas pequeñas cosas hechas de forma extraordinaria, verás que habrás construido un gran legado y habrás dejado una huella imborrable para la humanidad y el resto de la historia.
¡Ánimo! A seguir haciendo maravillosamente lo cotidiano.
