La esencia de Dios

En una ocasión tuve la oportunidad de pasar un buen rato conversando con un gran amigo y, el tema central era sobre Dios. Entre diversas experiencias que compartíamos destacaba la acción providente y amorosa del Padre celestial. Íbamos narrando cada uno desde nuestras vivencias, cómo el Señor se manifestaba en distintas circunstancias a nuestro favor.

Una de las cosas que yo siento en todo momento es la presencia de Jesús junto a mí; percibo su presencia que me acompaña a donde quiera que vaya. Es por eso que donde esté puedo entablar fluidamente una conversacion con él, ya sea verbal o mentalmente.

¿Sabes quién es Dios para mí y qué representa en mi vida?

Dios para mí es lo más grande y valioso que existe. Dios lo es todo para mí, Dios ES. No hay palabras en el vocabulario, ni pensamiento que pueda definir a Dios. Pero hay algo que sí se puede hacer al respecto para entenderlo mejor, y eso es: EXPERIMENTARLO.

Experimentar a Dios es lo que me ayuda a entenderlo un poco; y una de las cosas que noto en su presencia es que me da paz, serenidad y un calorcito de amor acogedor que llena mi corazón hasta rebosar de felicidad.

Dios está contigo en todo momento, Él nunca se va de tu lado, nunca te dejará solo/a. ¿Crees esto? pues te lo digo yo que lo tengo aquí a mi lado mientras te escribo esto, con la seguridad total de que también está al lado tuyo en este instante.

Curiosidades de mi infancia

Con mis hermanos siempre me he sentido en lugar seguro.

Me acordé de aquel suceso cuando era preadolescente, en el que me había aprendido una canción en inglés de Linkin Park (A place for my head). Pero no había aprendido textualmente la letra, sino que al no saber inglés, me memoricé lo que escuchaba del cantante; por lo que al cantarla, más que palabras, lo que se escuchaba de mí eran sonidos sin sentido. Una noche, mi amigo Hansel me escuchó cantando y me preguntó: ¿qué estás diciendo? y me decía, a ver, cántala de nuevo. Y al ver que no se entendía nada de lo que se decía, se puso a reír.


Otra noche, una en la que me quedé a dormir en la casa de Hansel, fuimos tarde noche a la cocina a buscar algo de comer, y comenzamos a hablar de los pokemones. Decía: ¿Por qué los pokemones después de ser capturados y al ser liberados para pelear, no se escapan? Yo le comenté a Hansel: me imagino que no se van porque saben que si huyen, el dueño volverá a sacarles la ñex (darles una paliza); Hansel se echaba a reír.

En otra ocasión, siendo niño, nos reuníamos en grupo: mi hermano Carlos, Hansel, Aldo, Juangui y yo. Poníamos en la grabadora, la canción de Backstreet boys – I want it that way. Cada uno asumía un personaje.

Carlos era Kevin,

Hansel era Nick,

Aldo era AJ,

Juangui era Howie

y yo era Brian.

Así que comenzaba el concierto y nosotros inspirados a todo dar entonando la canción.

Director de la vida: DIOS

Imagina tu vida como una película en la que eres el protagonista, y quien la dirige es nada más y nada menos que el mismo Dios; detrás de cámara y grabando está tu Ángel Guardián.

En el año 2016 fui coordinador de la comunidad de Jóvenes Claretianos del Corazón de María (JCCM). Cuando se hizo el anuncio oficial en la convivencia de navidad del 2015, me sentía con mucho entusiasmo por el nuevo rol que estaba asumiendo. Recuerdo que previo a la decisión de tomar esa responsabilidad, hablé con Iliana y le manifesté que estaba un poco nervioso, pero a la vez emocionado. Ella me animó a mantenerme firme en la decisión y asumir con determinación ese proyecto, respaldado por el equipo que en ese entonces conformaba la coordinación; entre ellos estaban: Ana del Rosario, Bella, José Antonio, Iliana, Marie Gaby, Eslende, Itsury, Raúl y otros más. Además, el equipo de la comunidad tenía muchas personas que eran voluntariosas a la hora de colaborar para la participación activa en distintas actividades de la parroquia.

Junto con el equipo le pusimos mucho empeño a cada organización de formaciones, convivencias, obras sociales y actividades parroquiales. Aunque había una cosa que oscilantemente me bajaba el ánimo; y era que a muchas de las formaciones que preparábamos con tanto esfuerzo, si acaso iban tres o cuatro personas. Ocasionalmente, cuando traíamos a un invitado de altura el salón se llenaba a más no poder, pero esas pequeñas alegrías se esfumaban al siguiente encuentro.

Una de las dificultades internas que tanto enfrentaba era mi preocupación por querer controlar todo y que a la vez, las cosas salieran perfectamente bien. Tenía una fijación con mi sentido de responsabilidad como coordinador de la comunidad.

Me embargaba la mayoría del tiempo el miedo a fallar o a no llenar las expectativas de la comunidad; por decirlo de otra manera, temía no llenar los zapatos del rol de coordinación de JCCM.

Llegó el mes de agosto y ya estaba cerca el inicio de la Novena al Inmaculado Corazón de María que se celebra cada año en torno a su gran fiesta Patronal, el 22 de agosto. JCCM participó en una misa asignada en la Novena; donamos canasta de alimentos secos y servimos proclamando y en las ofrendas. Todo salió muy bien ese día.

Junto con la fiesta Patronal del Inmaculado Corazón de María en el Santuario, se acostumbra hacer una feria familiar el fin de semana más cercano al 22 de agosto. Se había asignado a cada pastoral preparar un stand con artículos y juegos para entretener y también con el fin de promocionar a las comunidades; y por supuesto que JCCM tenía su espacio designado.

La noche previa a la feria, estábamos en medio de la logística de armar el stand, necesitábamos varias cosas, incluidas extensiones eléctricas, mesas, telas y diversos artículos; yo estaba coordinando la preparación de todo con la extrema preocupación de que todo saliera bien; mi miedo a que las cosas no salieran bien, era tan grande que las diversas tareas que había que hacer en ese momento, se me parecieron transformar de diez a diez mil tareas.

Entré en un alto grado de tensión psicológica y, recuerdo que Marisol, una de los miembros de la comunidad se me acerca y me pregunta:

¿Enoc qué tengo que hacer?

Yo la miraba y mi mente estaba en blanco; sentía que había colapsado y ya no recibía ni transmitía. En mi mente se me había quedado muy grande la responsabilidad que tenía.

Un rato después, cada quien iba colaborando en dejar todo listo para el día siguiente. Yo me fui a un salón solitario y llamé al P. Manuel. Comencé a hablar con él y desahogarme, a manifestarle todos mis temores, a los cuales se sumaba uno a nivel profesional. Había terminado mi período laboral en la empresa coreana en la que había estado durante seis años y ahora, mis tios contaban conmigo para emprender una nueva empresa, de la cual me encargaría de la parte financiera, ya que mi tío confiaba en mi preparación universitaria de banca y finanzas.

Me sentía tan impotente ante las responsabilidades que se me presentaban, y el P. Manuel escuchó mis palabras acompañadas de llanto y temor absoluto por ello. Recuerdo que me dijo que si no me sentía apto para asumir una responsabilidad, que fuera sincero y lo hablara.

Más adelante hablé con mis tíos sobre mi sentimiento y se detuvo el plan del emprendimiento; por otra parte, finalizando el año 2016, solté la coordinación de JCCM y me sucedió Alberto Anzivino.

Recuerdo que antes de decidir ser coordinador, Alberto fue a mi casa a pedirme consejos, ya que tenía algo de dudas al respecto. A mi manera lo animé en esa amena conversación y él se fue satisfecho. Después me enteré que había aceptado asumir el rol.

Un año después la comunidad ya iba llegando a su fin, en medio de varios intentos fallidos de revivirla. Pero como todo lo bueno da sus frutos, murió la flor de JCCM y nació una rosa nueva: Juventud de la Viña Claretiana (JUVICLA). Así, poco a poco se fue consolidando la presencia juvenil en la parroquia del Santuario Nacional a través de una Pastoral Juvenil concreta hasta llegar a lo que es hoy en día.

Mi lección a través de estos sucesos que me tocaron vivir, principalmente, asumiendo grandes responsabilidades, es que para asumir la vida como corresponde con todos sus avatares, he de soltar las riendas y confiar en Dios. Lo único que necesita Dios, es mi disposición y voluntad a sus pies, y Él se encargará de que el río fluya por su cauce.

Soltar más y confiar más para tener paz en el proceso y no colapsar en medio del camino. La voluntad a los pies de Dios y ¡taram!, surge ante mis ojos la magia de su Providencia en acción.

La quinta pata del gato

Me imagino que has escuchado esa frase: ¿Por qué le andas buscando la quinta pata al gato? Una frase muy popular que, según chatgpt: se aplica cuando alguien intenta complicar algo simple o demostrar lo imposible.

¿No te ha pasado que, en ocasiones, escuchas una noticia o teoría y quieres profundizar más y más? Esto es algo maravilloso en cuanto a estudios e investigaciones se refiere para llegar al meollo del asunto.

Desde mi experiencia, he vivido el significado de esa popular frase del gato, de diversas maneras. Te cuento una de ellas:

En ocasiones cuando me proponía hacer el rosario en la noche, pensaba previamente que todo tenía que estar en orden, silencio y sin ninguna distracción porque, de no ser así, se arruinaría el espacio de rezo.

Por otro lado, cuando estaba rezando comenzaba a pensar en cosas que tenía pendientes, me empezaba a picar la cabeza, la rodilla o me daba sed. Prácticamente se juntaban todas las distracciones para interrumpir mi momento de intimidad espiritual.

El asunto con esa situación era que perdía las ganas de seguir con el rosario. Después comencé a comprender que no era necesario esperar a que todo fuera perfecto para comenzar mi rezo. Simplemente se trataba de hacerlo, independientemente de lo que pasara por mi cabeza.

Resolví hacer el rezo independientemente de la distracción que tuviera. Si me picaba la cabeza, me rascaba mientras seguía rezando; me daba sed, me levantaba a tomar agua mientras recitaba el Ave María. Encontré ese remedio para no dejar de practicar ese hábito de rezo.

¿Para qué buscarle la quinta pata al gato? ¿Para qué complicarme la vida buscando perfección y esperando el momento ideal para hacer las cosas? Ese momento probablemente no llegue nunca, así que prefiero hacer las cosas de una vez y terminar lo que comencé a pesar de las distracciones.

Dispersamente productivo

Hace años mi mente solía estar muy dispersa entre miedos, preocupaciones y el afán de productividad en mis oficios. Recuerdo claramente momentos en los que tenía que hacer varias tareas y, aceleradamente, caminaba de un lugar a otro «haciendo las tareas»; pero cuando pasaba un rato, me daba cuenta que no había hecho prácticamente nada. Más había sido lo que había pensado en hacer que lo que realmente había logrado.

El miedo en ese entonces era el impulso para accionar frente a mis responsabilidades. Había un sentido de querer cumplir con todo y estar al día con mis deberes, pero lo que parecía para mí, haber dado resultado de eficiencia y eficacia, no era más que una vana ilusión. Cuando caía de esas nubes de ensoñación y ponía los pies sobre la tierra, me daba cuenta que simplemente había perdido el tiempo.

Descubrí que ese largo período de dispersión que experimenté, era producto de asuntos internos sin resolver; heridas sin sanar, preocupaciones por cosas inexistentes, pero que para mí eran reales. Vivir ensimismado no me permitía ver la realidad como era, conectar con los demás y por consiguiente, ser verdaderamente productivo.

Hoy en día vivo la diferencia entre aquel entonces y ahora. Puedo decir con conformidad que actualmente soy productivo; y lo que considero que me permite serlo, es que tengo serenidad, paz y las preocupaciones del pasado han sido resueltas.

Me falta un largo caminar de aprendizaje y maduración. Pero vivo feliz el proceso, con ganas de seguir aprendiendo y tropezando para levantarme y hacer cada día las cosas de mejor manera.

Para mí es sumamente importante y valioso vivir con ilusión y esperanza, estas herramientas me ayudan a meterle entusiasmo y ganas a la vida.

Tentación

La tentación llama a mi puerta y se muestra sumamente atractiva, con esplendidas joyas y retoques minuciosamente hechos, para provocar el mayor gusto a mis sentidos. Tiene una mirada seductora, con voz tenue y agradable; susurra a mi oído palabras que encienden en mí el deseo de ser condescendiente con lo que ella pida.

Los instintos arraigados en mí, se despiertan con un fuego que me embarga, provocándome para caminar en búsqueda de la saciedad de lo insaciable. Mi mente me pide que tome de esa agua que, en lugar de hidratarme, lo que hace es secar el organismo, dejándolo cada vez más sediento, hasta el punto en que morirá de inanición.

Una fuente de manantial aparentemente beneficiosa, que esconde una trampa mortal. Lo que pareciera una sustancia buena, resulta ser un veneno que quema hasta el espíritu, provocando quemaduras de tercer grado, que deja cicatrices, en ocasiones, incurables.

No, no abras la puerta a la tentación que promete felicidad y realización, déjala afuera, tocando el timbre hasta que se canse. No contestes, deja que así como vino, se vaya sin más que el deseo de haberte hecho caer.

En cambio tú, permanece al lado del silencio del alma, aquel que no accede a los instintos primitivos de la perversidad. Mantente centrado en el silencio del corazón habitado por Dios, y verás que la paz y serenidad serán tu himno cotidiano de inspiración.

Me siento vulnerable

Hace mucho tiempo que no me sentía así de vulnerable. Tengo una sensación de gozo y paz al estar así; porque, es como si me hubiera quitado una coraza que tenía dos funciones: una, de protegerme contra cualquier ofensiva externa y la otra, que me impedía conectar efectivamente con otras personas.

Después de tanto tiempo bloqueando al corazón, siento un gran alivio de sentir dolor ante una mala expresión recibida, y de sentir alegría frente a una muestra de afecto cariñoso.

Que bello es ser humano, vivir con las emociones a flor de piel, sintiendo profundamente lo que la mente, el cuerpo y el alma manifiestan en cada momento.

Prefiero ser vulnerable, a ser una piedra en donde no penetra ninguna sensación afectiva. La consecuencia de cubrirse con una capa sólida el corazón, es que uno se puede ahogar en la propia indiferencia; tanto así, que uno se vuelve indiferente, no solo a la vida de otros, sino que incluso a sí mismo.

He vivido muchos años de mi vida siendo indiferente a mi propia existencia y al entorno; basando mi cotidianidad en la acción superficial frente a cualquier circunstancia.

Es curioso que, uno, inconsciente o conscientemente, a veces busca proteger el corazón, y lo que termina haciendo es construir una prisión individual en la que siembra y cosecha para sí, la soledad.

Hoy me alegro de sentirme vulnerable ante la vida y, asumo esta como venga, con la mejor disposición de recibir al porvenir con sus altas y bajas.

Ego, amor y humildad.

Cuando me insultan u ofenden de alguna manera, lo que revuelve mis vísceras es el ego herido; pero, ¿qué pasa si el ego se queda  dormido? Probablemente, esa ofensa pasará de largo, sin haber causado ningún malestar en mí. Claro, que algo me ofenda, independientemente de lo que sea, depende de cómo yo lo asuma; y si mi ego predomina, definitivamente que se va a formar un conflicto con el atacante.

Bueno, le doy un abrazo cariñoso a mi ego y le busco un asiento en la última fila. Siento en la primera fila al amor y la humildad. Vamos a ver cómo me va.

Destronando al ego

¡Qué temita con el ego, ¿verdad?!

Creo que muchos problemas en mi interior se pueden resolver, si bajo al ego de su trono. El ego en sí, no me parece malo, siempre y cuando, ocupe su lugar. Pero si le doy rienda suelta a este, eso sí va a ser causa de muchos dolores de cabeza, conflictos con otras personas o simplemente de tiempo perdido.

¿No te ha pasado que has escuchado o estado en una conversación en la cual, las personas no se están escuchando, sino que en vez de haber un emisor y un receptor de información, hay simplemente dos emisores. Uno habla y el otro no escucha, simplemente espera su turno para hablar también. Al final, esa conversación no lleva a nada; porque tan solo hay un encuentro de dos egos que tratan, cada uno, de destacar.

A mí me encanta mi ego, pero estando en el lugar que tiene que estar, un lugar en donde no opaque a los demás, sino que se agache frente al prójimo. El amor adquiere sentido cuando es auténtico, es decir, que se proyecta una actitud de servicio sin querer imponerse sobre los demás. Jesús fue un claro ejemplo y, entre sus muchas demostraciones, lo leemos en el pasaje del lavado de los pies (Evangelio de Juan, 13), en el cual, siendo el maestro, se puso a lavar los pies de sus discípulos (acción que estaba reservada para los esclavos y las mujeres).

Así que, ¿te sientes frustrado/a contigo mismo/a o con la vida? Dale una miradita a tu interior, a ver cómo está ese ego, podría ser que por allí esté la raíz de muchos problemas.

Abrazo el miedo

¿Qué es el miedo?, un freno de mano que detiene el flujo natural de la vida; un muro de piedra que detiene el paso de mis pisadas; una cadena que me amarra el tobillo para retrasar mis andanzas.

¿Es malo el miedo?, no, claro que no. El miedo es algo natural, parte de la biología humana; el miedo favorece a la supervivencia y protección de la vida. El problema está cuando veo el miedo como enemigo, porque ahí sí me la he liado. Sería como pelear conmigo mismo, porque no estoy aceptando lo que, por naturaleza, está sucediendo dentro de mí.

Creo que el punto crucial no está en tener o no tener miedo (que por cierto, creo que todos lo sentiremos en distintas circunstancias), creo que la clave está en la aceptación. Si acepto lo que siento en cada momento, mi libertad y voluntad fluirán con la corriente de mi existencia.

Me decía un amigo psiquiatra: «no le tires piedras al río». Claro, la vida se trata de un flujo natural que ha de transitar sin ponerle obstáculos innecesarios. Pienso que allí entra la práctica de confiar en Dios. Si su Palabra dice, en Romanos 8, 28: «todo sucede para el bien de los que aman a Dios», ¿por qué he de querer cambiar la realidad?

Yo siento un alivio tan grande al saber que Dios está a cargo de todo, que mi vida está en sus Manos y que, Él quiere lo mejor para mí. Es por eso que, ante esa realidad, simplemente le digo: Señor, no deseo nada, lo que Tú quiera para mí, me basta. ¿Quién mejor que Tú sabe lo que me conviene? Mi vida está en tus Manos; tan solo hago lo que me corresponde, ponerme en total disposición para ti.

¿Tienes miedo? abraza ese temor y déjalo pasar, porque así como vino, se irá, si no lo retienes.