
No te preocupes, deja a Dios ser en tu vida. No pelees por controlar tu porvenir, pensando en lo que tiene que suceder en las próximas horas, en los próximos días, meses, años y décadas.
Suelta las riendas de tu vida y, permite que Dios tome el timón del vehículo que es tu existencia. Permítele llevarte por el Camino que Él tiene propuesto para ti, sin que pongas trabas.
No tires piedras al río, deja que este fluya por su ruta natural. Puede que lo que te esté causando tanta frustración sea, precisamente, tu negativa ante la realidad de quien eres y de lo que te corresponde vivir en la actualidad.
¿Confías en Dios? ¿Crees verdaderamente que tienes un Padre que está pendiente de ti incansablemente? ¿Eres testigo de que tienes a una Madre que aboga por ti en todo momento? ¿Crees en que Jesús dio su vida para que tu la tengas? ¿Aceptas que el Espíritu Santo habita en ti y te guía por la ruta de la auténtica paz? ¿Crees en que Dios quiere tu felicidad hoy?
Suelta el control sobre tu vida, confía más en Dios y deja que Él sea el impulso de tu voluntad, tus palabras, pensamientos y silencios. Déjalo actuar y verás que en medio de la imperfección, tu vida encuentra perfección.









