Pasión descontrolada

Me embarga el fuego de la pasión, que me embelesa con sus llamas y me trata de envolver en la locura desenfrenada del deseo inerte. La pasión es ardiente y cálida a la vez, es fuego que calienta al principio, pero que después quema.

Un beso precipitado puede ser el dictamen de tu futuro incierto; un sí anticipado puede ser la sentencia a un prolongado tiempo condicionado y una atención ininterrumpida y continua puede ser la llave que te adentre en una vida atada.

¿Estás seguro de lo que harás? ¿De verdad quieres tomar esa decisión? Piénsalo bien, no con el cuerpo, sino con el alma. El alma te brindará respuestas certeras y apropiadas para vivir lleno de felicidad.

Mírala bien a ella y mírate a ti; ¿te ves en un para siempre junto a ella? Quédate atento para descubrir sus defectos, porque no tiene solo virtudes; no mires la parte buena nada más, mirala en su forma completa: lo bueno, lo malo, lo bonito y lo feo. ¿La quieres a ella? ¿por qué la quieres? La clave del éxito para los dos, si llegan a planear un futuro juntos es: Que tengan un sueño en común. Este sueño puede ser cualquiera, pero que sea un sueño conjunto que los lleve a ambos a la realización plena en un proyecto de vida juntos.

El amor verdadero no es la pasión descontrolada; porque el verdadero amor piensa con alma y cuerpo y toma decisiones bien pensadas y dialogadas, sin embargo, la pasión descontrolada es como un camión que va en una pendiente a cien kilómetros por hora, sin frenos. Todo lo que se ponga en el camino se lo lleva. No, no es buena la pasión descontrolada; busca el amor verdadero, este te otorgará felicidad plena.

Mirada muerta

Existe una mirada que no inspira, no transmite vida ni alegría; esta mirada solamente manifiesta deseo animal, salvaje y descontrolado. Es una mirada que aparenta agrado y gozo pleno, pero que es una manzana dañada detrás del velo. Crees que promete cosas buenas, sin embargo, lo que te esperan son desgracias y penas.

La mirada muerta activa la fisiología, la impulsa a actuar determinadamente. En esos momentos el cuerpo toma una fuerza inhumana para llevar a todo el ser a accionar de acuerdo a los instintos primitivos.

La mirada muerta es como un estafador que te promete riquezas, pero al final te deja sin lo prometido y sin los bienes que ya tenías. No te dejes engañar por esos ojos que otorgan falsas promesas. Te conducen directamente a las tinieblas donde es el llanto y rechinar de dientes.

La mirada que no despierta paz ni compasión en ti, es fraudulenta pues no quiere nada bueno para ti; ella busca sacarte todo el elixir vital que tienes para ella llenar su saco roto. La mirada muerta nunca se sacia, aunque le robe la vitalidad a miles de personas. Más bien lleva a la misma desgracia a aquellas almas a las que saquea.

La persona que no busca la vida y por el contrario, busca la muerte del alma, te arrastra con ella hacia la desgracia. No, no te dejes engañar. Busca la mirada viva, aquella que despierta los pensamientos y deseos más bonitos de tu corazón, aquella que te revitaliza y te llena de gozo y plenitud.

El alma descarriada

¿Qué es una alma descarriada? Una alma descarriada es un ser que ha perdido el rumbo correcto de su vida; que ha decidido abandonar la guía de su conciencia, para seguir sus instintos primitivos. Es la persona que no quiso seguir los consejos de aquellos que le amaban y prefirió seguir los de aquellos que se aprovechaban.

Alejarse del camino correcto trae consecuencias para lamentar. Lamentablemente la consecuencia del alma que se descarría es la soledad, incoherencia de vida y una existencia sin sentido ni dirección. Es como el barco en medio del océano, sin vela ni timón; no va a ninguna parte, solamente flota en el mar naufragando. Esa vida descarriada que no retoma su camino, vive desgraciadamente hasta extinguirse en un oscuro rincón.

¿Puede una alma descarriada retomar el camino correcto? Pues claro que sí, pero esa es una decisión que solamente le corresponde a ella. Lo difícil para que se dé esa decisión de parte de ella, es que ya ha rechazado los múltiples intentos de sus seres queridos para encarrilarla. Sin embargo, a veces las circunstancias de la vida y los duros golpes pueden hacerla despertar y volver al sendero ideal.

La felicidad, la paz y la plenitud humana están al alcance de sus manos. El alma decidirá si quiere la paz de un alma alineada con la fisiología y por lo tanto encarrilada o si prefiere la tribulación, intranquilidad y desesperación de una fisiología desentendida del alma, guiada únicamente por los instintos primitivos y por lo tanto alejada del sendero correcto.

Ventana del alma

Mis ojos enseñan lo que hay en el interior de mi ser, no hay manera de ocultar la esencia de mi alma ante quien los contempla. La ventana del alma; el reflejo de tu esencia; la manifestación de tu identidad y la viva imagen de quién eres.

Los ojos son la ventana del alma, una maravillosa obra de arte que manifiesta hermosura en su contextura, son una obra de arte hecha por el Supremo Artista, el especialista en obras extraordinarias. ¿Qué ves cuando observas mi mirada fija en ti? ¿Qué sientes cuando te hablo y te escucho sin desviar mi atención?

Los ojos son la ventana del alma, el reflejo de lo que amas, lo que quieres y lo que sientes. Mala educación sería no verlos si te están hablando; también podría ser fruto del miedo a que sepan lo que hay en ti al mirar únicamente el suelo cuando alguien te escucha.

Los ojos, los ojos. Los ojos son la ventana del alma.

Deseo Inerte

Tengo un deseo inerte; mi fisiología comulga con él, puesto que ella lo produce. Sin embargo, mi alma no tiene empatía con él y más bien le desagrada.

Mi fisilogía reacciona impulsivamente al ser incentivada por el deseo inerte y el deseo inerte se incrementa al ser motivado por mi fisiología. De pronto, cuando ambos me llevaron a un callejón sin salida, mi alma reaccionó y se turbó.

Mi alma y el deseo inerte no comulgan. Mi fisiología y mi alma forman mi ser, sin embargo a veces mi fisiología se rehusa a seguir al alma y se va por los impulsos instintivos del deseo inerte.

La paradoja de mi existencia: Alma y Cuerpo producen plenitud de vida cuando comulgan, sin embargo producen confusión cuando se dividen.

La clave: Alinear alma y cuerpo; poco a poco dejar de responder a los deseos inertes.

Para que se desvanezcan los deseos inertes y faciliten a mi fisiología el dejar de seguirlos, hay que dejar de incentivarlos con los factores externos que lo fortalecen.

La clave es identificar las circunstancias que despiertan los deseos inertes que activan mi fisiología y los ambientes que provocan a la fisiología a despertar los deseos inertes.

¿Dónde está Jesús?

Dios está en el silencio del corazón.
Imagen de debowscyfoto en Pixabay

Ayer visité la Capilla del Santísimo para estar con Jesús Sacramentado. Me senté en silencio a pensar cosas de mi vida diaria. De momentos tenía ganas de levantarme e irme por la inquietud de hacer otras cosas. Pensaba sobre ¿qué gano con estar allí en el Santísimo?

Pensándolo bien, estar frente a Jesús Sacramentado me da serenidad, me devuelve la calma. A veces no hace falta decir nada. Simplemente estar en su Presencia me reconforta, me sana y me da respuestas ante cuestionantes de mi vida. Jesús habla en el silencio del corazón. Dulcemente susurra con una voz que no es identificable con el oído, sino que solo puede escuchar el alma.

Jesús en el Santísimo no usa palabras del alfabeto, usa un lenguaje sin vocablos. Es interesante sumergirse en la escucha del idioma de Jesús ante su Presencia Santa. El asunto es que a veces no tenemos paciencia para esperar lo suficiente allí en el silencio y escuchar sus consejos.

Yo veo en Jesús al Dios/Hombre de la serenidad. Como Elías en el Antiguo Testamento que trataba de identificar dónde estaba Dios. Pasó un fuego abrasador, pero Dios no estaba allí. Hubo truenos y relámpagos, pero Dios no estaba allí. Sin embargo, hubo una suave brisa y allí era donde estaba Dios.

Yo creo así mismo, que Dios no está en lo portentoso y el espectáculo de cosas escandalosas y apoteósicas. Dios está en la calma y el silencio del corazón. Allí es donde podemos escucharlo para saber qué quiere de nosotros. Al escuchar a Dios hablar a tu corazón verás que no te va a dejar allí sentado contemplándolo nada más. Sino que te va a enviar a trabajar en su viña para dar tu vida por el bien común en todos tus entornos sociales.

Los que sufren en silencio

El amor es una necesidad silenciosa.
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Me he puesto a pensar que a veces uno sufre en silencio. Esconde el dolor y las lágrimas detrás de una sonrisa, jocosidad e incluso tras una actitud irritable o indiferente. El sufrimiento a veces puede ser tan grande que puede llevar a la locura.

Un amigo psicólogo me decía que cuando la persona recibe golpes de la vida muy fuertes o recurrentes; llega un momento en el que a la mente se le hace imposible lidiar con esas cargas emocionales y colapsa. Algo así como desconectar un cable del toma corriente. Muchas veces experiencias insoportables o traumáticas emocionalmente hablando, llevan a la locura o por decirlo de otra forma, se convierten en detonantes para despertar un tratorno psicopatológico.

Yo sufrí muchos años en silencio por cargas emocionales exageradamente grandes para mí. Aunque lo he tenido todo a nivel de mis necesidades básicas para vivir, mis emociones han sido muy inestables y he estado bajo altos grados de presión.

Parece absurdo, viéndolo desde afuera, cuando una persona a nivel externo tiene todo, pero sufre tanto. Me he dado cuenta que el bienestar de la persona no se alcanza únicamente llenando las necesidades de hogar, alimento y dinero. Las necesidades emocionales también son claves para completar el bienestar personal. Dentro de las necesidades emocionales está el amor, el cuál es el centro para que el ser humano esté plenamente bien emocionalmente.

El asunto es que es más fácil ayudar a alguien que tiene hambre, comprándole un almuerzo o cuando alguien tiene frío, consiguiéndole un abrigo. Sin embargo, es complicado descubrir cuando alguien tiene hambre de amor, de atención, de alguien que le escuche; y difícilmente una persona expresa cuando tiene ese tipo de necesidades emocionales.

Por eso considero que es muy importante ser amable, atento, saludar siempre que se pueda de forma personalizada, hacer saber a quien tengo cerca de mí que es importante; sonreír a todos. Amar no cuesta nada y puede salvar vidas. Viviendo responsablemente se aprovecha más el tiempo. Pero además, amando plenamente el tiempo se transforma en vida para los demás y para mí.

Cuando alguien muere

Recientemente partió a la casa del Señor un buen amigo mío. Pensé que podía mantener la serenidad en medio del dolor. Pero en un momento dado todo brotó y me quebranté en llanto ante esa nueva realidad.

Que curioso como en un año de construir una amistad, puede crearse un vínculo tan fuerte con una persona. Ya no lo consideraba mi amigo, lo consideraba mi hermano. Cuando una persona te mira a los ojos y te descubre su alma es porque se ha convertido en tu auténtico amigo/a.

La partida de este mundo de un ser querido inévitablemente conlleva sufrimiento, lamento y tristeza. Lo bonito en medio de algo tan fuerte como eso, es la esperanza de saber que vivimos en medio de dos eternidades. La eternidad de donde venimos antes de ser concebidos y la eternidad a la que vamos después de esta vida.

Dice Teresita de Lisieux: Mi vida no es más que un momento, una hora fugaz

Sería interesante sentarse a analizar la propia vida, mirar hacia atrás y revisar qué huellas estoy dejando en los corazones de quienes me rodean. ¿Huellas de egoísmo, rencor, odio, hipocresía, bondad, honradez, honestidad, amor?

¿Qué queda cuando me voy de este mundo? Las huellas que haya dejado en los corazones.

Mi deseo es que cuando vayamos a la Casa del Señor, más allá de la tristeza de la partida, la gente pueda sonreír y agradecer por la vida de cada uno de nosotros, por haber dejado amor y alegría en sus vidas.

El precio de ser tú

Se tú mismo.
Imagen de Gerd Altmann en Pixabay

¿Qué puedo ganar con ser yo mismo? Puedo ganar paz conmigo mismo; y eso es lo más importante para mí, la paz de mi conciencia. Además, otros resultados adicionales por ser auténtico pueden ser ganarme más amigos, pero también enemigos. Prefiero ganarme amistades y enemistades sinceras que amistades hipócritas por aparentar ser alguien que no soy.

Sinceramente yo no considero a nadie mi enemigo. Aunque hubiera gente que estaran en contra de mí por alguna que otra razón, para mí no hay justificación por la cual odiar a alguien. Como dice Jesús:

‘Si alguien te pega en una mejilla, pon la otra’.

Pero cuidado de que no vayamos a malinterpretar estas palabras. Jesús no está diciendo que seamos masoquistas y que si alguien nos pega y nos maltrata, nos pongamos allí para que nos siga maltratando. Jesús lo que está diciendo es que ante el mal que nos hagan, no paguemos con mal (venganza). Por lo tanto, al que me hace mal, le pago con bien. No es lo mismo pagar con bien que dejar que me sigan haciendo mal.

Cuando a Jesús lo presentaron ante el sanedrín encadenado, lo abofetearon. Jesús no puso la otra mejilla. Jesús dijo: Si he faltado en algo con lo que he dicho dime en qué fue. Si no he faltado en nada, ¿por qué me pegas?

Jesús se daba a respetar también. Y tú y yo como seres humanos, no podemos dejar que nadie pisotee nuestra dignidad. No voy a pisotear la de nadie ni hacer mal a nadie, pero si pisotean mi dignidad, buscaré distanciarme de esa persona que lo único que causa es mal en mi vida.

Te invito a encontrar tu autenticidad, ser tú, sin importar las críticas, respetando también a los demás por quienes son. Pero no permitir que nadie te pisotee.

Paga el mal, con bien.

Fracasar. ¿Es malo?

Sin mis fracasos no sería quien soy.
Imagen de Myriams-Fotos en Pixabay

¿Acaso tener éxito es el resultado no haber fracasado nunca? Yo creo que no. Considero que tener éxito es el resultado de haber fracasado innumerable cantidad de veces. La diferencia está en si nos rendimos ante tantos fracasos o perseveramos hasta alcanzar el éxito.

Mi infancia y adolescencia, además de momentos muy divertidos y buenos, estuvieron llenas de constantes fracasos en donde pensaba que todo estaba en contra de mí; que nunca lograría aquellas cosas con las que tanto soñaba. Hubo momentos muy felices, pero también hubo muchos momentos de llanto, angustia, miedo, preocupación, frustración y desesperación.

Había ocasiones en las que todo se veía completamente oscuro en mi porvenir y no hallaba ningún rayito de luz. No tenía esperanza. Pero aunque no veía salida en mi realidad, me repetía una y otra vez: «Dios no defrauda». Esta frase me daba aliento para seguir adelante. Pasaron muchos años de mi adolescencia y parte de la adultez, hasta que un día todo comenzó a esclarecerse. La oscuridad se iba desvaneciendo; surgieron muchos rayos de esperanza y todo cambió. Allí fue cuando dije: «Valió la pena». Y era verdad lo que me había repetido en los momentos de desaliento, porque Dios no me había defraudado.

Cuando me hago la pregunta sobre si volviera atrás, ¿quisiera vivir lo mismo que me tocó? La respuesta sería que sí. Porque gracias a las experiencias previas soy la persona que soy, con la madurez y fuerza de espíritu que tengo.

Así que cuando paso por cañadas oscuras, cuando mi barca está que se hunde por la tormenta, me repito: «Dios no defrauda», y sigo adelante sabiendo que el sufrimiento y retos que pase, me harán más fuerte.