
Me embarga el fuego de la pasión, que me embelesa con sus llamas y me trata de envolver en la locura desenfrenada del deseo inerte. La pasión es ardiente y cálida a la vez, es fuego que calienta al principio, pero que después quema.
Un beso precipitado puede ser el dictamen de tu futuro incierto; un sí anticipado puede ser la sentencia a un prolongado tiempo condicionado y una atención ininterrumpida y continua puede ser la llave que te adentre en una vida atada.
¿Estás seguro de lo que harás? ¿De verdad quieres tomar esa decisión? Piénsalo bien, no con el cuerpo, sino con el alma. El alma te brindará respuestas certeras y apropiadas para vivir lleno de felicidad.

Mírala bien a ella y mírate a ti; ¿te ves en un para siempre junto a ella? Quédate atento para descubrir sus defectos, porque no tiene solo virtudes; no mires la parte buena nada más, mirala en su forma completa: lo bueno, lo malo, lo bonito y lo feo. ¿La quieres a ella? ¿por qué la quieres? La clave del éxito para los dos, si llegan a planear un futuro juntos es: Que tengan un sueño en común. Este sueño puede ser cualquiera, pero que sea un sueño conjunto que los lleve a ambos a la realización plena en un proyecto de vida juntos.
El amor verdadero no es la pasión descontrolada; porque el verdadero amor piensa con alma y cuerpo y toma decisiones bien pensadas y dialogadas, sin embargo, la pasión descontrolada es como un camión que va en una pendiente a cien kilómetros por hora, sin frenos. Todo lo que se ponga en el camino se lo lleva. No, no es buena la pasión descontrolada; busca el amor verdadero, este te otorgará felicidad plena.












