Escribiendo…

Anotando lo que salga de la mente.
Imagen de David Schwarzenberg en Pixabay

La vida me dijo a gritos: ¡despierta ya!

Se pasan los años, aprovéchalos.

Estás vivo, mira todo lo que te rodea,

puras cosas buenas para disfrutar.

Deja de ser esclavo de tu ego frustrado.

Libérate de la esclavitud del ensimismado.

Sal de la cueva de tu oscuro interior.

Mira hacia afuera y contempla el exterior.

La luz del sol da calefacción a tu piel.

El sonido de la lluvia te ayuda a dormir bien.

El silencio de la noche te abre a la meditación.

El sonido de una canción te motiva a bailar.

Las aves en el cielo regocijan tu mirada.

La gente caminando revitaliza tu alma.

Hay vida, hay esperanza, hay amor.

Hay cosas buenas, hay bondad y compasión.

Mira el mar, como va y viene con sus olas.

Escucha el sonido del agua contra las rocas.

Mira al perro que ladra y mueve la cola.

Mira al gato que descansa en las piernas de su dueña.

¿Qué tal tu humor el día de hoy?

¿Tienes ganas de sonreír o solo contemplar?

¿Quieres silencio o risas y espontaneidad?

¿Cómo te sientes en esta mañana?

La vida te ofrece infinidad de matices.

La vida sigue el recorrido y te pone en la carrera.

Una carrera en la que no hay prisa.

Una carrera en la que cada quién va a su paso.

La clave no es quien llega primero.

La clave es disfrutar el sendero.

La vida por sí sola no tiene sentido.

Tú eres el encargado de darle sentido.

La vida no tiene precio.

La vida no me la he ganado.

La vida es un regalo.

La vida es para ser feliz.

Vive al máximo, pero con los pies sobre la tierra.

Vive al máximo, pero con el corazón compasivo.

Vive al máximo, pero con sinceridad y coherencia.

Vive al máximo, pero con amor en la conciencia.

¿Cuál es tu esencia?

Yo quería ser como mi hermano.
Imagen de ambermb en Pixabay

Durante muchos años pensé que yo era un chico introvertido, tímido y retraído. Me molestaba ser así porque yo quería ser todo lo contrario. Veía a mi hermano siendo tan extrovertido, carismático y sociable; y me decía: «Ese quiero ser yo».

Recuerdo que lo imitaba en todo; cómo se expresaba, sus gestos, palabras, hasta cómo bailaba. Yo quería ser tal como él, porque veía que con su forma de ser atraía a las personas y todos los amigos querían estar con él. Recuerdo que me molestaba cuando llegaban a la casa nuestros amigos (porque teníamos amigos en común) y cuando yo les abría la puerta, lo primero que preguntaban era: ¿Y tu hermano? Eso me molestaba tanto porque me decía en mi interior: ¿y yo qué?

Curiosamente, muchos años después, la vida me llevó a entrar en mí, conocerme y descubrir facetas propias de mi personalidad que no había descubierto. Dentro de esas novedades me di cuenta que realmente yo no era un chico introvertido ni tímido. Más bien, la causa de esas facetas en mí eran falta de autoestima, de autoconfianza y de seguridad. En la medida que fui avanzando, descubriéndome y sanando heridas interiores; descubriendo mi valor, dignidad y aprendiendo a amarme tal cual era, fue surgiendo mi esencia. Mi verdadera personalidad salió a flote.

Hoy en día me digo: «Yo si era bobo». Tanto desear ser como mi hermano y no había descubierto que en mi esencia estaba todo lo que yo anhelaba ser como persona».

Hoy en día amo quien soy y no anhelo ser como nadie más que yo. Dentro de mi humanidad, hay muchas cosas agradables, al igual que muchas imperfecciones. Pero así como me encanta mi personalidad, también amo mis defectos y soy misericordioso conmigo mismo cuando cometo errores. Así mismo, trato de ser sincero para enmendar mis faltas, pero eso no impide que siga adelante con entusiasmo y alegría de vivir.

La vida es UNA

Considero importante aprovechar el tiempo presente.
Imagen de StartupStockPhotos en Pixabay

Hoy en día veo el tiempo como algo muy valioso. El tiempo es oro y no lo quiero perder con sentimientos y actitudes inservibles de egoísmo, hipocresía, envidia, rencor, rabietas, etc.

La vida es demasiado corta para malgastarla. Estamos de frente a la eternidad posterior a la muerte. ¿Qué son 80, 90, 100 años frente a la eternidad? Un abrir y cerrar de ojos.

Otro factor muy importante para aprovechar mi vida en plenitud es vivir bajo lo que dicta mi conciencia, siguiendo mis convicciones. Para mi es pérdida de tiempo vivir la vida que otros quieren que yo viva o tomar de decisiones basado en lo que otros ven como ideal para mi. Mi vida es mi vida y cada quien se ocupa de su vida. Así como yo no me meto en la vida de otros, no permito que los demás condicionen mis decisiones vitales.

Mi prioridad es la paz de mi conciencia, mi relación con Dios y el servicio a los demás. Dedicar tiempo para hacer bien a los demás es ganancia. Pero antes no lo veía así. Creía que ganancia era acaparar todo para mi. Por otro lado, dedicar tiempo a mi bienestar e incluso recreación personal también es ganancia, puesto que amarse a sí mismo es tan importante como amar a los demás.

Estaba solo en mi mente

Era una soledad en medio de las multitudes. Imagen de 建鹏 邵 en Pixabay

Anoche tuve un sueño que me trajo memorias de mi infancia. Veía a un niño del cuál los chicos se reían, hacían bromas sobre él y después lo dejaban solo en una equina sin nadie que lo consolara. Era un niño solitario. Ese sueño lo recuerdo tan claramente y me veía tal cual soy ahora, viendome en ese niño.

Es una realidad palpable la que hoy en día y a lo largo de las décadas se vive en carne propia por tantos niños y jóvenes que aún en compañía de su familia y amigos, se sienten solos. No es lo mismo estar con personas en el entorno, que sentirse acompañado y amado. Es bueno hacer una revisión del entorno, para ver como se encuentran nuestros seres allegados. Tal vez, alguno esté pasando por una depresión o sentimiento de soledad que no se atreva a expresar.

Manifestar el interés de saber cómo está el otro y abrir el espacio para escucharle, puede salvar una vida y también alegrar un corazón que por mucho tiempo ha estado triste. Es bueno tomar tiempo personal para dedicarlo al prójimo e incluso tener el hábito de sonreír y saludar con amabilidad a quienes nos atienden en cualquier lugar a donde vamos.

Haz el bien, habla amablemente, se paciente y tolerante. No cuesta nada y ayuda mucho.

¿Las personas cambian?

Bebé, niño, joven, adulto y anciano. Una misma persona pero de formas diferentes. Imagen de Rudy and Peter Skitterians en Pixabay

Cuando yo era niño era perverso, travieso y en ocasiones, trataba mal a algunos amigos. Era como el personaje de aquella película: «Daniel el travieso». Asustaba a unos, me metía debajo de la falda de los maniquíes en los almacenes, le decía palabrotas a otros; y es que está claro que mis padres me enseñaron los valores de la vida, los buenos modales, la forma de comportarme correctamente y todas esas buenas costumbres que ya de grande he ido poniendo en práctica. Pero es inevitable exponerse a lo que el mundo te enseña, a través del entorno social y los medios de comunicación, por lo tanto, yo como todo niño, era una esponja y absorbía fácilmente todo lo que me iba enseñando el ambiente.

Si bien es cierto que fui aprendiendo cosas buenas y malas, como todos. Hay características de mi personalidad que eran propias y no necesariamente adquiridas por lo que el ambiente me mostraba. De por sí yo he sido siempre muy inquieto y eso no lo aprendí, sino que es propio de mi personalidad, así como la espontaneidad y efusividad. Sin embargo, el ser humano cambia a medida que pasan los años; no es siempre el mismo. Pero no me refiero a la personalidad, sino al comportamiento. Ese cambio que va teniendo uno como persona puede ser para bien o para mal.

Entonces he visto que no he cambiado mi personalidad, pero sí la dirección de las expresiones de mi personalidad. Por ejemplo, como soy efusivo, de niño expresaba mi efusividad con rabias, pataletas, llantos o palabrotas a otros niños. Sin embargo, hoy en día tengo la misma efusividad, propia de mi personalidad, pero la expreso a través de la alegría, creatividad y buen humor.

A fin de cuentas, cuando me propongo mejorar como persona, no se trata de cambiar mi personalidad (ansiedad, pasividad, comportamiento introvertido o extrovertido). Cambiar para bien es ser el mismo, pero mejor.

Finalizo con el dicho que cita Yokoi Kenji: Se siempre tú, pero no seas siempre el mismo.

Es decir: Se siempre tú, pero ten siempre la puerta abierta para ser mejor.

Ser Valiente es…

Ser valiente es de personas valientes. Pero vale la pena. Imagen de Alan en Pixabay

Es común ver en las películas, a la valentía representada a través de un superhéroe que pelea contra un villano a muerte. Cuando vence al villano, se considera valiente porque acabó con ese mal y ahora el mundo está a salvo y en paz.

Considero que la valentía verdadera está en enfrentarse, no con un villano, sino consigo mismo. Mirar al interior de uno mismo y enfrentar los miedos, preocupaciones, realidades personales, emocionales, de salud, entre otros; es lo que conlleva la valentía verdadera. Vemos a tantas personas que no pueden estar en silencio mucho tiempo y prefieren tener en todo momento, música, radio, televisión, estar en las redes y siempre ocupados en algo. Todo esto, para evitar estar en silencio y escuchar la voz de la conciencia y de la realidad propia.

A veces un pasado por el que no se hubiera querido pasar, causa un remordimiento y rechazo de la propia historia de vida, que no permite enfocarse en el presente y menos proyectarse al futuro. Heridas que no se quiere descubrir para sanar, causan un estancamiento. Miedos a los cuales no se cuenta con el valor para enfrentar, provocan quedarse congelados en un estado de vida de cero productividad y poco o nada de avance.

Enfrentarse a uno mismo, es el verdadero heroísmo. Mirarse con honestidad y decir: este soy yo, esta es mi realidad, soy débil en esto, soy fuerte en esto. Mi mayor miedo es este; mi mayor pasión es esta. Estoy enfermo, tengo estos defectos, tengo estas virtudes. No soy perfecto, soy humano. Me equivoqué. Aceptar la realidad de nuestra humanidad y seguir adelante, es lo que nos hace verdaderos superhéroes.

Mi experiencia con el Santísimo siendo Ministro Extraordinario de la Comunión

Cuando me llamaron para ser Ministro Extraordinario de la Comunión, mi reacción fue de extrema gratitud. Pensaba en lo dichoso que había sido al tener el honor de llevar a Jesús Sacramentado en mis manos para darlo de alimento a mi prójimo. 

Una de las experiencias que más disfruto es cuando me toca guardar a Jesús en el Sagrario, es algo que sucede en cuestión de segundos, pero son segundos en los cuáles me detengo frente a mi gran Amigo. Llego a buscarlo al Sagrario para llevarlo al altar y lo saludo con jocosidad: ¡Oye Jesús! Tú estás aquí, mira yo pasando por aquí y coincidimos, que coincidencias de la vida le digo con jocosidad. Estoy seguro que Jesús tiene buen humor, por eso me encanta ser gracioso con Él para hacerlo reír. Terminada la Comunión voy a guardarlo en el Sagrario y le digo, otra vez nos encontramos aquí Tú y yo. Y comienzo a decirle tantas cosas como: sabes que te amo, eres lo máximo, nos vemos pronto.

Jesús se ha vuelto mi amigo íntimo y me encanta saber que Él me espera en el Sagrario para irlo a buscar y también espera que lo vaya a dejar nuevamente allí. 

En una ocasión mientras el padre hacía las oraciones previas para dar la comunión, me sumergí en mi interior y comencé a sentir una emoción tan grande hasta que me salieron lágrimas. Escuchaba a Jesús diciéndome en el corazón: Aquí estoy Enoc, como un pequeño trozo de pan en tus manos, me hago pequeño para partirme y darme a los demás. 

No pierdas la oportunidad de visitarlo al Sagrario, Él te espera con ansias. Una amiga me decía en una ocasión que se le hacía difícil estar en el Sagrario porque no sabía qué decirle a Jesús. Le dije: amiga, no te preocupes por decirle nada a Jesús. El simple hecho de que estés allí frente a Él ya es suficiente; lo estás acompañando y eso es lo más importante.

Un abrir y cerrar de ojos

La vida es fugaz. Imagen de Alp Cem en Pixabay

La vida es un abrir y cerrar de ojos.

Se va tan pronto como viene.

Es tan fugaz como una estrella.

Un parpadeo y ya no está.

¿Qué son noventa años de vida?

Eso si es que llegamos allá.

No son más que una brisa.

No son más que un corto viaje.

¿Qué queda entonces cuando nos vamos?

¿Para qué pasamos este breve recorrido?

¿Con qué fin vivimos este parpadeo?

Para algo estamos aquí en el mundo.

Solo puedo decir que valoremos la vida.

Hoy vivo, pero no sé si mañana lo esté.

Vive como si no hubiera mañana.

La vida es fugaz

y quiero aprovechar este recorrido único.

No quiero desperdiciar la oportunidad de fructificar.

De dar frutos que dejan huellas.

Huellas que cambien la vida de otros.

Que les iluminen para ser mejores.

Me esfuerzo para ser bueno y generoso;

ser pacífico y amoroso.

Procuro vivir en la justicia y verdad

y seguir lo que dicta mi conciencia.

Sigo a Dios ¿Se acabó la rumba?

Me parece curioso este pasaje de Jesús diciendo:  Porque vino Juan el Bautista, que no comía pan ni bebía vino, y dijeron: Está endemoniado. Luego vino el Hijo del Hombre, que come y bebe y dicen: Es un comilón y un borracho, amigo de cobradores de impuestos y de pecadores. Lucas 7, 33-34.

Quiero destacar dos cosas a través de este pasaje bíblico: los lados opuestos.

1. Juan el Bautista que no comía pan ni bebía vino.

2. Jesús que comía y bebía y era amigo de los considerados pecadores e impuros a los ojos de los Maestros de la Ley.

Aquí se ven dos realidades y de ambas se referían como cosas malas, aquellos sacerdotes y fariseos del pueblo de Israel.

A mí esto me enseña que la realidad de lo correcto o incorrecto, lo que agrada a Dios y lo que no, es algo que va más allá de lo que se ve a simple vista, más allá de apariencias o cosas superficiales.

Para mí la vida cristiana se centra en los valores que resaltan la dignidad del ser humano; y con esto me refiero a la propia y la de aquellos con quienes convivimos.

Jesús comía y bebía, sí, pero estaba compartiendo con el prójimo, estaba dando vida. No se habla de violencia, impertinencia, malas intenciones o indiferencia cuando leemos la vida de Jesús o Juan el Bautista.

Para mí es una pérdida de tiempo estar catalogando de pecado o no pecado el tomar licor o bailar música popular. Creo que es ganancia invertir el tiempo en buscar maneras de hacer un bien en el mundo a través del amor traducido en obras concretas para el bien común.

No hay hombre perfecto

Perfecto solo Dios

La perfección se la dejamos a Dios. Nosotros, conformémonos con saber que en medio de nuestra imperfección, podemos construir poco a poco una mejor versión de nosotros. Yo me he sentido tentado a creer que soy perfecto, pero Dios ha permitido que me estrelle en la vida de maneras tan impactantes, que baja mi mente de las nubes a la tierra de un golpe.

No busques ser perfecto, busca hacer lo correcto siendo misericordioso contigo cuando caigas o tropieces. Nuestros errores pueden en ocasiones lastimar a otros, no estamos exentos de herir a personas aún cuando no sea intencionalmente, pero la clave está en aprender de los errores para no cometerlos nuevamente. Si cometes un error, que no sea el mismo que tuviste anteriormente, sino otro que no había sucedido.

Busquemos hacer las cosas bien, y me refiero a todo lo que hacemos, en cualquier lugar, cualquier circunstancia, busquemos hacer siempre lo correcto, es mejor equivocarse tratando de hacer lo correcto, que «equivocarse» malintencionadamente.

Sé luz para los demás, sé la sal del mundo que le de sabor y sentido a la vida de los que te rodean, pero sobre todo que le des sentido a tu propia vida, porque la vida en sí no tiene sentido, tú eres quién se lo debe dar. El sentido de la vida está en proyectarse a los demás en búsqueda del bien común. No creas a los falsos profetas de felicidad que te venden un paraíso en donde solo te concentras en complacerte y darte todas las comodidades sin mover un solo dedo e incluso sin tomar en cuenta al prójimo, eso solo trae soledad, tristeza y desesperación a largo plazo.

Nos dice Jesús: «Ámense unos a otros como yo los he amado». El Señor Jesucristo no vino a imponerte nada, Él solo vino a liberarte de las cadenas del egoísmo para que descubras la verdadera felicidad, que está en amar a los demás sin condiciones, sin reglas, sin límites y sin intereses.