
Una de mis más grandes batallas es contra mi ego. Que en ocasiones, las personas te hagan cumplidos o buenos comentarios por tu desempeño en algo, por la clase de persona que eres o por alguna acción en concreto, es un arma de doble filo. Porque se corre el peligro de creérselo todo hasta el punto de que el ego se va hinchando y nos vamos enfermando de egocentrismo, orgullo y la falsa creencia de ser impecables. Y el egocentrismo te convierte también en una persona egoísta, porque te vuelves el centro de tu universo, lo cual no da espacio a los demás en tus prioridades de vida.
Una persona egocéntrica y egoísta solo busca todo aquello que le beneficie, sin importar los demás. No existe el concepto de compartir, de solidarizarse, de dedicar tiempo de calidad a otros desinteresadamente. Para la persona egoísta todo el mundo gira entorno a ella; y si dedica tiempo a alguien en especial es porque se espera recibir algo a cambio. La parte triste de esto, es que esa persona termina sola, nadie la quiere, no porque sea mala persona, sino porque ella misma se cerró las puertas a la convivencia fraterna con el prójimo. La soledad, aburrimiento, angustia, desesperación, irritabilidad y la pérdida del sentido de la vida, son consecuencias de la persona que vive en el egocentrismo.
Es fundamental tener siempre los pies bien puestos sobre la tierra y ser plenamente consciente tanto de virtudes, pero más que nada de nuestra humanidad y defectos para conservar la humildad, para nunca ponernos por encima de nadie y para empatizar con quienes nos rodean, buscando siempre dar esa mano amiga a quien lo necesite.
Acompáñame en esta oración:
Señor Jesús, que nunca me crea perfecto, que jamás me enaltezca por algún logro o reconocimiento, Tú eres el único que merece Gloria, Honor, Reconocimiento y Protagonismo. No dejes que quite mi mirada de mis hermanos, para que siempre que me necesiten, pueda dar esa mano amiga, a ejemplo tuyo. Permíteme ser reflejo de tu amor. Que yo disminuya Señor, y Tú seas el Protagonista en la vida de este pobre servidor. Amén.











