La magia de sonreír

Para mí, una de las grandes maravillas de este mundo es hacer reír a las personas, darles una dosis de alegría con buen sentido del humor. ¿Acaso la vida no se disfruta más estando alegres?

Sé que no siempre se puede estar así, puesto que la vida con todas sus circunstancias puede traer desgracias, momentos de luto y tristeza que también han de ser vividos como corresponde. Considero que ser feliz no es estar siempre alegre, pero sí creo que se puede buscar el lado esperanzador de cada situación en la vida. Como dicen por ahí: ¿Ves el vaso medio lleno o medio vacío? Yo respondería: Lo veo por la mitad, pero estoy agradecido porque por lo menos tengo medio vaso de agua.

Cada persona carga con toda una historia de vida llena de experiencias agradables, neutrales y otras que hubieran preferido no vivir. Por lo tanto, ¿no les parecería oportuno darle a las personas una razón para olvidar aunque sea por un momento lo que en algún momento dado les agobie y darles una razón para reír?

El Dr. Mario Alonso Puig, cirujano y conferencista español, explicaba que reír, aunque fuera forzadamente, produce en el cerebro una sustancia llamada oxitocina. Este químico estimula el cerebro de tal manera que produce sensaciones agradables de bienestar, entusiasmo y vitalidad. Es la sustancia del amor, como algunos les dicen, puesto que también se produce cuando la persona se enamora.

Así que reír y hacer reír está recetado para una buena salud física y mental.

¡Ya lo sabes!

La fe vence el miedo

Para mí, que soy un hombre que cree en Jesucristo, Él ha tenido un rol sumamente importante en mi vida; digo esto porque en el momento que más hundido me sentí, cuando no tenía fuerzas ni esperanza para vivir; me aferré a mi fe católica. Confiaba en que de alguna manera, Dios iba a sacarme de esa oscuridad de angustia y depresión en la que me encontraba.

No voy a decir que mágicamente todo cambió, fue un proceso que conllevó principalmente el acompañamiento psicológico, emocional de mis seres queridos y ayuda profesional. Esto, acompañado de esa esperanza en lo Divino, que me ayudaba a perseverar en mis procesos de sanación interior.

Durante esos años de inestabilidad psicológica emocional, tuve toneladas de miedo; tanto así que no quería salir de mi casa a tener que enfrentar la cotidianidad. Mi temor abordaba todo: las personas, mis responsabilidades sociales, académicas, profesionales; el servicio en la parroquia y principalmente tenía miedo al auto percibirme como un incompetente.

Pero además de todos esos miedos, tenía una esperanza certera de que Dios estaba allí y no me iba a fallar ni abandonar nunca. Junto con esa confianza, estaba mi mirada fija también en la Virgen María, a quien procuraba rezarle todos los días el Rosario. Mis momentos más oscuros eran soportados a causa de esa microscópica luz que veía en el fondo de la oscuridad. Un rayo apenas perceptible de esperanza que me incentivaba a no rendirme.

Dios no defrauda, eran mis palabras; Dios no defrauda.

Estar vivo sin vivir

Esto puede sonar extraño, pero tiene una trascendencia que involucra el alma. He escuchado casos de personas que aparentemente lo tienen todo; dinero y bienes materiales en abundancia, una familia bien vista por todos, éxito profesional y aún así expresan que algo les falta. No poseen plenitud en el corazón.

El Dr. Mario Alonso Pluig menciona la diferencia que existe entre las experiencias que satisfacen y dan placer al cuerpo y el hecho de sentir el corazón lleno. No son equivalentes estas dos realidades.

Existen personas que no tienen los recursos materiales y físicos suficientes, pero que tienen el corazón lleno y se sienten plenamente felices en medio de la escacez; también hay quienes están muy bien en el plano físico y material y a la vez se sienten con el corazón lleno.

Pienso que la felicidad auténtica trasciende el plano físico, va más allá y guarda mucha relación con la esperanza. Una persona con esperanza sigue adelante, vuelve a intentarlo, avanza fracaso tras fracaso hasta llegar al éxito. Pero si se pierde la esperanza, difícilmente se puede tener el corazón rebosante.

Espero que podamos conservar esperanza en nuestros corazones para ver como en algún momento la oscuridad se transformará en un bello amanecer.

El amor es libre

¿Cómo podría decir que uno ama si lo obligan a hacerlo? ¿Es posible amar forzadamente? Yo creo que no. A veces se puede confundir el amor con deseo de poseer a alguien. A veces se escuchan casos terribles de maltrato doméstico o homicidios de una pareja a otra; allí no es posible que haya existido amor, sino deseo de posesión. Cuando hay amor verdadero, considero que se querrá el bien de la persona aunque conlleve tener que separarse porque la relación no funcionó.

En ocasiones surge la pregunta sobre por qué existe tanto mal y falta de amor en el mundo. Considero que el origen de esto son las decisiones que tomamos a lo largo de nuestras vidas, las que definen si habrá egoísmo o fraternidad en nuestros entornos. Estoy convencido de que para amar se necesita libertad, una libre decisión y compromiso de hacerlo.

La enfermedad ¿Es buena o mala?

Conozco el testimonio de un joven (vamos a llamarle Eric) que reconoce que su enfermedad ha sido la bendición más grande que ha recibido, puesto que fue el medio por el cual comenzó a pensar hacia afuera, en hacer el bien en favor de los demás.

Eric solía vivir enfocado únicamente en satisfacer sus sentidos con los mejores placeres que le ofreciera su entorno. El placer era, según él, su razón de existir. Fue tanto así que llegó un punto en el que nada le satisfacía, buscaba saciar su sed de felicidad en fiestas, licor, desorden moral pero, no lograba saciarse. Tiempo después además del vacío, tenía comportamientos irritables, era poco tolerante con las personas e incluso se desanimaba constantemente.

En un momento dado, por recomendación de sus seres queridos, Eric accedió a visitar a un profesional de la salud; este fue brindándole ayuda a través de medicamentos recetados para que lograra una estabilidad emocional.

Este proceso envolvió a Eric en un proceso de negación y luego una fijación de decirse siempre que era un enfermo mental y por lo tanto, bajaba más su autoestima. Consecuenemente nuestro personaje pensó cosas como terminar con su vida ya que ni siquiera se daba valor propio.

Fue a través de la ayuda continua del profesional de la salud, junto con las personas que lo amaban y le apoyaban, que él fue recuperando su autoestima y amor por la vida. Pero hay un factor adicional clave que le permitió a este chico salir de ese agujero en el que se encontraba estancado; y eso fue la fe que nunca perdió de que Dios lo amaba y acompañaba. Aún en los momentos más difíciles de su lucha interior, se repetía esta frase: Dios no defrauda.

Después de eso, Eric continuó mejorando su autovaloración y sacando a relucir lo mejor de sí. Esto automáticamente se vio reflejado en su relación con los demás.

Dios todo lo permite para el bien de los que lo aman. Romanos 8, 28

¿Por qué busco a Dios?

Reconozco que en mi juventud tuve momentos en los que miraba a Dios como el genio de una lámpara mágica; acudía a él cuando necesitaba cualquier favor, prometiéndole que si cumplía lo que yo le pedía, haría algo por Él. A veces mi retribución ofrecida era ir a la misa o rezarle más.

Solía tener esa mentalidad: Si hacía algo para Dios, pensaba que Él quedaba en deuda conmigo. Actualmente veo en Jesús el modelo a seguir sobre una auténtica relación con el Padre. Considero que optar por Dios debe ser sin un interés de retribución.

Al final, amar a Dios es estar siempre optando por obrar bien en favor de los demás, pensar en el bien común y respetar la dignidad propia y del prójimo. Tan sencillo como eso lo veo. Considero que la retribución verdadera, es la satisfacción de saber que se hizo un bien a la persona y que gracias a eso estará mucho mejor.

El sentido de vivir

¿Para qué vivimos? ¿cuál es el sentido de nuestra existencia? La vida se puede ir en un abrir y cerrar de ojos, pienso que debe ser muy reconfortante que en el último momento de nuestras vidas podamos mirar atrás y sentirnos satisfechos de haber dibujado sonrisas en muchos rostros y de haber ayudado a tantas personas como nos fuera posible.

Mi abuelo materno, que en paz descanse, fue un hombre muy noble de corazón que dejó una gran huella en los corazones de sus familiares, pero también en la vida de muchos amigos y conocidos que recibieron de él mucho amor, ayuda y buenos tratos. Para eso creo que hemos venido a este mundo; si Dios siendo Omnipotente y el Rey del Universo, se hizo hombre como nosotros y uso su vida para servir a los demás y darse amorosamente hasta el punto de dar su vida por toda la humanidad, no es difícil llegar a la conclusión de que eso mismo quiere que hagamos, ya que así nos esperará la alegría de haber dado alivio, alegría y paz a muchos corazones, además de que así nos esperará también la mayor de las recompensas, la Resurrección a la vida eterna junto al Padre.

Entonces dirá el Rey a los de su derecha: «Venid, benditos de mi Padre, recibid la herencia del Reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; era forastero, y me acogisteis; estaba desnudo, y me vestisteis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a verme». Entonces los justos le responderán: «Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te dimos de comer; o sediento, y te dimos de beber? ¿Cuándo te vimos forastero, y te acogimos; o desnudo, y te vestimos? ¿Cuándo te vimos enfermo o en la cárcel, y fuimos a verte?». Y el Rey les dirá: «En verdad os digo que cuanto hicisteis a unos de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis». (Mateo 25, 35-41)

El Amor de Dios

Nada supera el amor de Dios. El es el Ser Supremo, el Amor puro y verdadero; su Palabra da esperanza y vida, revitaliza nuestro espíritu. Te invito a abandonarte en sus Brazos Paternos.

No te pierdas la oportunidad de experimentar el amor de Dios, la paz y felicidad que sólo Él puede dar. Cuantas veces no busqué la felicidad en el buen prestigio, las amistades, alguna relación, las fiestas, el alcohol; pero aunque tuviera miles de amigos que me adoraran no quedaría satisfecho, porque tener tu espíritu completamente satisfecho le corresponde a Dios. En Él se puede encontrar fuerza para superarse y salir con la frente en alto después de cada batalla de la vida.

Cada ser humano es afortunado, no solo por el hecho de existir, sino porque es hijo amado de Dios. Anímate a depositar tu confianza en Dios puesto que Él quiere exclusivamente tu felicidad y que alcances tu realización personal.

Y recuerda, tal vez Dios no te quite los problemas y dificultades que estas enfrentando, pero te garantizo que te dará paz en medio de ellas.