Hace poco estuve en la parroquia a la que suelo ir, celebrando el cumpleaños de una gran amiga. Entre las muchas personas que había presentes, estaban varios sacerdotes amigos de ella y a quienes conozco. En un momento dado iban a tomarle una foto a todos los sacerdotes juntos. En eso uno de ellos dice: «Falta el padre Enoc. Enoc ven para que salgas en la foto».
Eso me causó gracia. En teoría el motivo por el que me llamaban era porque todos tenían panza pronunciada, y como yo también la tengo, pues decían que ya llenaba el primer requisito para ser padre jajaja. ¡Qué cómico!
Fue algo jocoso y del momento, aunque pensándolo bien, no me incomodaría si Dios me llamara a esa dimensión de vida. La verdad no es algo que busque, pero sí considero fundamental dejarme sorprender por Dios.
Si me preguntan qué quiero en mi vida, responderé: «No quiero nada más que a Dios». La opción de vida a la que me llame me bastará y me sobrará; porque más que una vocación determinada, sé que Dios me llama a ser feliz y hacer felices a los demás.
La vocación principal es AMAR. Nos lo dice Jesús: «Ámense unos a otros como yo los he amado».
Tanto me esforzaba para impactar en el entorno pensando una y otra vez sobre qué podía hacer para marcar la diferencia.
El miedo y la ansiedad me carcomían por dentro porque dudaba de que pudiera causar una buena impresión. Mi foco estaba en las personas de alrededor; mi punto de evaluación eran los rostros y las reacciones de las personas con las que socializaba.
Había dentro de mí cierta inseguridad sobre la eficacia y eficiencia de mi personalidad y forma natural de ser. Era simplemente yo, pero pensaba forzadamente, como si me costara ser la persona que era.
Veo hacia atrás y me digo: «qué grande fue mi ignoracia». Digo esto porque, independientemente de mi inseguridad, generalmente causaba una buena impresión y contagiaba alegría a las personas en mi entorno. Pero yo no me daba cuenta que no tenía que esforzarme para ello, simplemente era algo inherente en mí.
Soy por naturaleza extrovertido y Dios me ha bendecido con un gran sentido del humor. La verdad no hay día que no encuentre un motivo para reír a carcajadas. Me gusta reírme de mí mismo y buscar lo gracioso en los diferentes acontecimientos del día a día.
Hoy en día me he dado cuenta que no tengo que forzar mi forma de ser, más bien, entre más deje fluir naturalmente mi personalidad, mejor me sentiré y encontraré sin inconveniente, aquello que siempre he buscado con tanto afán.
Voy a compartir un poco de lo que es mi práctica de amar:
Vivo el amor desde la atención a las personas que me rodean y que de alguna forma necesitan de mí y que puedo ayudarlas.
Para mí amar es atender a la necesidad de otra persona sin dudarlo, sin ninguna excusa ni obstáculo que pueda interponerse entre el pensamiento y la acción de ayudar.
Amar es no pensar tanto, sino caminar hacia el prójimo antes que él te llame y atenderlo incluso inesperadamente.
El amor te sorprende, te deja sin palabras; es como una ola que inesperadamente te sacude el corazón y te deja huellas de impresión y gratitud.
El amor dibuja una sonrisa de satisfacción en el rostro, una muy tenue pero cargada de Gracia en el alma.
Amar es entregar la vida, el tiempo y la energía en pos del ser humano que tienes a tu lado.
El amor da plenitud y llena hasta el último rincón del ser, precisamente porque el amor es DIOS. Nos lo dice San Juan en su carta: «DIOS ES AMOR».
Ama y estarás hospedando al Padre Celestial en tu corazón.
Me enamora ver sobresalir la sonrisa en tu rostro. Me regocijo en la alegría que se manifiesta en tus facciones y la dulzura que tu agradable mirada me dispara.
Tu risa contagiosa me hace saltar de la emoción, con ganas de mirarte indefinidamente sin cansarme. No puedo más que agradecer por tener la oportunidad de contemplar tu existencia a la luz de mis ojos.
Tu alma irradia serenidad y un gozo sutil y cálido que provoca ternura en mí. La verdad, no puedo estar en el pasado ni en el futuro, pero este momento, el presente contigo, es un gran regalo.
Así, como lo que es este momento, un presente, un regalo, lo disfruto y contemplo con mucha dignidad y amor.
Sentada frente a mí, me observas y preguntas cómo he estado. Te miro a los ojos y te narro mis ires y venires con algo de buen humor, y se esboza en tu rostro una bella sonrisa manifestando interés y alegría al escucharme.
Te pregunto cómo has estado y me vas contando tus vivencias recientes, entre ellas, cosas agradables y otras que por alguna razón te dejan preguntas por responder; me manifiestas las dudas que surgen y yo te respondo con base en lo que conozco desde mi experiencia.
Manifestaciones de ternura se asoman a través de nuestras miradas y un abrazo tierno y cálido nos envuelve sin pensarlo. Un delicioso aroma de café para ambientar ese precioso momento nos rodea y la degustación de este hace que el tiempo compartido sea mayormente disfrutado.
Tu sola presencia me da energía y vitalidad; tu dulce mirada me contagia de ternura y un suave beso me llena el corazón.
Me gusta exponerme. Tengo una tendencia a sacar todo lo que hay en mi interior a la luz pública. De forma directa o indirecta disfruto manifestando las tormentas y rocíos de mi mente y mi corazón. Es un hábito que me permite hacer un auto tratamiento.
Soy una persona tan transparente que es imposible ocultar detrás de mi rostro una sensación, sentimiento o emoción. Cuando estoy triste, se nota; cuando estoy feliz, se nota; cuando estoy pensativo, se nota. Tal vez algunos no lo perciban, pero quien observe un poco se dará cuenta.
Inspiración por observación:
En el día a día veo distintas realidades que en ocasiones me impactan. Recuerdo una mañana en la que iba en el bus, rumbo al trabajo y por la ventana vi a un señor caminando en medio de la calle semidesnudo, con señales de embriaguez y muy delgado. Eso generó tal impresión en mí, que inmediatamente me vino a la mente escribir sobre esa realidad tan difícil que muchos viven, cuando han tocado fondo en la vida por una u otra razón.
Viendo y escuchando a otras personas, se entremezclan mis experiencias con las suyas para narrar cuentos que tienen toques de realidad y ficción.
Inspiración soñadora:
Tengo una mente muy dispersa y mis pensamientos vuelan de un lado a otro, proporcionando escenas, escenarios que rozan con lo inimaginable, fantasías, ficción, cosas divertidas, duales y no duales.
Es este el batido de contenido que hago con estos tres factores: mi realidad, las experiencias ajenas y mi libre imaginación. De esta forma consigo crear situaciones existenciales de diferentes tipos y dimensiones que llevan a reflexionar sobre circunstancias que cualquiera puede enfrentar en la cotidianidad.
Con estas tres fuentes de valiosa información se crean los cuentos de la ciudad real.
Me siento atado a una manera de ser; amarrado a un condicionamiento. Me siento ilimitadamente limitado en un pensamiento abstracto. Estoy en una planicie con relieve, en donde los pies no se acomodan cómodamente, sino que pisan parcialmente.
Estoy en una contradicción de lo corriente y regular en la vida; hay una esfera sobre la que giro en sentido contrario a las manecillas del reloj. Camino de lado como los cangrejos, porque así aprendí a andar desde pequeño.
La luz alumbra en blanco lo que siempre ha sido amarillo. Hay un encuentro de iluminaciones; lo que siempre estuvo y lo que ahora emerge. Lo que fue choca con lo que es y se transforman en un Fue Es.
El algoritmo daba los mismos resultados siempre; pero ahora cambió la plataforma de programación y se unió el algoritmo viejo con el nuevo.
Nació una crisis de identidad sobre la base de la identidad arraigada del ser. Los enanos se encontraron frente a frente con los gigantes. Los volcanes hicieron erupción y se encontraron con tsunamis alrededor.
La vida se tornó contradictoriamente armoniosa en un conjunto de ráfagas de viento que refresca y acomoda las hojas de la existencia en un orden nunca antes visto.
Acepta cada momento que venga, deja que fluya la corriente del río sin complicaciones. Nada en la dirección del viento y del agua. Sigue adelante; a veces irás por aguas turbias, sin saber lo que esconden las profundidades; y en otras ocasiones pasarás por aguas transparentes, las cuales no te ocultarán nada de lo hondo.
Sé valiente, camina, camina y camina; no dejes de caminar. Estás en las manos del Alfarero.
Qué difícil es querer sin poseer cuando hay un afecto profundo por una persona. La práctica de quererle se vuelve un ejercicio de control de impulsos para no echar a perder la amistad tierna que se está construyendo.
Querer no es complacer deseos, ni apoderarse de alguien; querer de forma auténtica es desear el bien de otro sin imponer absolutamente nada; más bien, respetando su forma de ser y sus criterios de vida.
Querer de verdad es no ser oportunista; es que, teniendo la posibilidad de poseer a la persona, te resistas a la tentación y dejes que el ave sea libre. Ese querer auténtico no deja enjaulado al otro.
Poseer es encerrar a aquella persona en tu mansión y guardarla como un trofeo para admirarla y sentirla como propiedad tuya. Es ser egoísta por querer acaparar toda la existencia de aquel ser para ti. Ese es un falso querer, es un impulso de egocentrismo en el que no se toma en cuenta la verdadera felicidad de la otra persona.
El verdadero querer no genera tensión, no apresa, no gobierna. El verdadero querer contempla, admira y disfruta como quien ve el hermoso botón de una flor mientras abre.