Estaba con deseos de componer algo para alabar a Jesús, pero pensaba que con la metodología común, debo buscar un ritmo sin derechos de autor; y luego debo encontrarle un ritmo de canto, lo cuál me cuesta. Pero se me ocurrió algo, para rapear no necesito generar ritmo así como cualquier otra canción, el rap es más que nada como si estuviera hablando, pero eso sí, hay que armar un buen repertorio de lírica ya que requiere de más palabras por la velocidad que conlleva. Así que se me ocurrió hacerle un rap a Cristo.
Me gusta componer lírica para alabar a Dios, pues me produce mucha satisfacción usar mis talentos para Él. Dijo Jesús que no vino para ser servido, sino para servir. Procuro seguir ese mismo camino a través de todo lo que hago.
Estoy seguro que a todos nos encanta pasarla bien, tener momentos placenteros y gratificantes y en fin, ser felices. Cuando comencé a buscar a Dios, lo hice porque quería dejar de sufrir, ya no quería sentirme solo, es decir que lo buscaba para que me diera paz; y es que es natural que el ser humano no quiera sufrir.
Jesús mismo ha pasado por un camino que a la vez de placentero y ameno, ha tenido trayectos de amargura y dolor extremo. Por ejemplo, lo vemos en las Bodas de Caná, celebrando, seguramente pasándosela muy bien, multiplicando el vino que es signo de alegría y festividad; lo vemos también compartiendo la comida con amigos. Se la pasaba tan bien que le llamaban borracho, glotón y amigo de pecadores. Sin embargo, él vivía en la rectitud de su conciencia y la Voluntad del Padre, sin extremismos. Pero también lo vemos sufriendo cuando muere su amigo Lázaro, cuando ve que por más que intenta reunir al Pueblo de Israel como la gallina con sus pollitos, sus palabras parecen ser en vano y sobre todo, en el calvario pasa por la Pasión y en su crucifixión.
Jesús supo abrazar su cruz y no crean que él estaba feliz al saber que le tocaba llevar esa cruz. La noche en el Huerto de Getsemaní fue la más difícil, porque tuvo una lucha con el Padre, al querer lo opuesto a lo que su Papá Dios había predestinado para Él.. Abrazar la cruz es aceptar vivir experiencias de dolor, de prueba y sufrimiento. Pienso que no es malo pasar momentos difíciles en la vida, aunque a veces no quisiera rehuir al dolor, la angustia, deseando estar siempre bien, cómodos y placenteramente.
Pero es importante saber que en el caso de Jesús, él ha vivido emocionalmente a lo largo de su vida, todas las emociones que nosotros podríamos pasar, desde las más agradables, hasta las más difíciles. Por eso considero que Jesús es el maestro de las emociones.
A veces en momentos de ansiedad he sentido ganas de tener un gran protagonismo en el mundo, ser importante, prestigioso y ganar mucho dinero. Después cuando la ansiedad bajaba y venía la calma, en un momento de oración llegué a la conclusión de que para mí, lo primordial es vivir para agradar a Dios. Considero que no me es muy beneficioso ganar todo el dinero del mundo y ser exitoso en la vida, si Dios no es el centro de mi vida.
Mi gran reto en la vida es confiar plenamente en Dios. Aunque a veces parezca que todo está en contra de mí, me repito esta frase: El Señor nunca defrauda. Me hace pensar en Jesús cuando pasaba por sus momentos más difíciles. En el Getsemaní le dice al Padre prácticamente que Él no quería pasar por lo que se avecinaba, es decir la Pasión y muerte en la cruz. Pero viendo en eso la Voluntad del Padre y aunque no era su deseo, le dijo: Padre, que no se haga como yo quiero, sino que se haga tu Voluntad.
Ante todo, trato de depositar mi confianza en Dios y ocupar mi mente en cumplir diariamente mis responsabilidades de la mejor manera. Considero importante vivir en la verdad y la justicia, pero sobre todo en la Misericordia y el amor. Cuando no comprendo o no quiero algo en mi vida, simplemente digo: Señor no lo entiendo, no lo quiero, pero que se haga tu Voluntad.
En un mundo donde se suele esperar siempre algo a cambio por buenas acciones e incluso se ve como algo fuera de lo común que alguien haga algo a nuestro favor simplemente porque así lo quiso, puede ser un poco difícil de asimilar que Dios nos de su salvación gratuitamente.
Pensar que Dios nos obligara a buscarlo y a amarlo sería totalmente contradictorio con su propuesta plasmada en las Sagradas Escrituras. De por sí, pienso que el amor, para que sea auténtico, debe ser una decisión libre. He ahí la importancia de que la decisión de seguir al Señor sea en medio de la libertad y sin condicionamientos. Me gusta que podamos contar con la Sagradas Escrituras que contienen todo el manual de una vida acorde a la Voluntad de Dios. Y todo se resume en el amor a Dios sobre todas las cosas y el amor al prójimo como a sí mismo.
Me gusta que a Dios nadie le gana en generosidad y quiere que hagamos el bien y actuemos siempre acorde al bien común y el bien propio, pero aún cuando estamos en el pecado, nos dice: «no he venido por los justos, sino por los pecadores.» Creo que la clave no está en ser perfecto, pero sí en tener un corazón inclinado a agradarle, enmendar los errores y ofensas que hagamos a otros. Es decir, no ser perfecto, pero luchar por alcanzarla.
Me hace mucho eco esto de la Gratuidad del amor de Dios; que Jesús no nos salva por nuestros propios méritos, sino que simplemente decidió darnos acceso a la Redención. Lo más importante es aprender a vivir como Él, dando también un amor gratuito e incondicional al prójimo.
He escuchado entrevistas de artistas famosos como Farruko y Anuel, donde dicen que a pesar de tener aparentemente todo, se sienten vacíos y solos. Anuel comentaba que a veces quisiera volver a aquellos tiempos cuando no tenía dinero y vivía en su barrio donde cualquier pequeñez le satisfacía.
Farruko, durante el tiempo de pandemia le tocó quedarse en la casa de su mamá donde el vivió durante su juventud. Decía que ahora que estaba en ese pequeño cuarto donde habitó durante muchos años de su vida, no podía gozar de su mansión ni de sus carros último modelo. Comentaba que allí se había dado cuenta de lo que verdaderamente valía en la vida.
Son impresionantes estos testimonios porque muchas veces pensamos que tener mucha fama y dinero son las claves para ser felices. Pero hay personas que han alcanzado esos logros y aún así, la abundancia en lo material no les llena el vacío del corazón.
Entonces, ¿Qué puede llenar ese vacío? De manera personal, pienso que la clave está en la proyección hacia los demás sirviendo. El tema es que se tiende a creer que el asunto es al revés, que en la medida que me satisfago en todos los sentidos y placeres posibles, seré pleno.
Me gusta la enseñanza de Jesús, porque se centra en amar sin medida y con acciones concretas, buscar el bien común y siempre tener presente a los que me rodean. Para mí, ser solidario llena más que cualquier placer que pueda reservar para mí. Claro, no quita que es importante también darme mis gustos con cosas que me agraden. Considero que lo material también es bueno y necesario, pero no lo es todo. Considero que la clave es en dónde pongo mi corazón, qué es lo más importante para mí.
Nos dicen por ahí: «Quien no vive para servir no sirve para vivir.» Santa Teresa de Calcuta.
Muchas veces en la vida he tenido situaciones difíciles que enfrentar, circunstancias que inevitablemente suceden y que se salen del alcance de mis manos. Como puede pasar con cualquier persona, yo he renegado de esa realidad que me toca vivir intentando forzar las cosas para que sean diferentes. Sin embargo, hay circunstancias de la vida que a veces no queda más que aceptarlas. Yo en momentos como esos digo: Buenos Señor, no entiendo esto que estoy pasando y no lo deseo, pero si es tu Voluntad, que así sea.
En mi caso particular, procuro tener una actitud de abandono en la Providencia de Dios. Me resuena esta frase bíblica: TODO LO PERMITE PARA EL BIEN DE LOS QUE LO AMAN (Romanos 8, 28). Es difícil confiar cuando se avecina la enfermedad, los problemas financieros, la escasez material, las preocupaciones y miedos. A veces, aceptar las situaciones que se enfrentan es la solución para tener paz mental y espiritual. Qué magnífico sería poder controlar todo lo que acontece en nuestras vidas y entorno; pero la historia es otra y buscando la buena salud integral como personas, puede ser de gran ayuda la aceptación y confianza en medio de la tribulación.
Para mí, una de las grandes maravillas de este mundo es hacer reír a las personas, darles una dosis de alegría con buen sentido del humor. ¿Acaso la vida no se disfruta más estando alegres?
Sé que no siempre se puede estar así, puesto que la vida con todas sus circunstancias puede traer desgracias, momentos de luto y tristeza que también han de ser vividos como corresponde. Considero que ser feliz no es estar siempre alegre, pero sí creo que se puede buscar el lado esperanzador de cada situación en la vida. Como dicen por ahí: ¿Ves el vaso medio lleno o medio vacío? Yo respondería: Lo veo por la mitad, pero estoy agradecido porque por lo menos tengo medio vaso de agua.
Cada persona carga con toda una historia de vida llena de experiencias agradables, neutrales y otras que hubieran preferido no vivir. Por lo tanto, ¿no les parecería oportuno darle a las personas una razón para olvidar aunque sea por un momento lo que en algún momento dado les agobie y darles una razón para reír?
El Dr. Mario Alonso Puig, cirujano y conferencista español, explicaba que reír, aunque fuera forzadamente, produce en el cerebro una sustancia llamada oxitocina. Este químico estimula el cerebro de tal manera que produce sensaciones agradables de bienestar, entusiasmo y vitalidad. Es la sustancia del amor, como algunos les dicen, puesto que también se produce cuando la persona se enamora.
Así que reír y hacer reír está recetado para una buena salud física y mental.
Para mí, que soy un hombre que cree en Jesucristo, Él ha tenido un rol sumamente importante en mi vida; digo esto porque en el momento que más hundido me sentí, cuando no tenía fuerzas ni esperanza para vivir; me aferré a mi fe católica. Confiaba en que de alguna manera, Dios iba a sacarme de esa oscuridad de angustia y depresión en la que me encontraba.
No voy a decir que mágicamente todo cambió, fue un proceso que conllevó principalmente el acompañamiento psicológico, emocional de mis seres queridos y ayuda profesional. Esto, acompañado de esa esperanza en lo Divino, que me ayudaba a perseverar en mis procesos de sanación interior.
Durante esos años de inestabilidad psicológica emocional, tuve toneladas de miedo; tanto así que no quería salir de mi casa a tener que enfrentar la cotidianidad. Mi temor abordaba todo: las personas, mis responsabilidades sociales, académicas, profesionales; el servicio en la parroquia y principalmente tenía miedo al auto percibirme como un incompetente.
Pero además de todos esos miedos, tenía una esperanza certera de que Dios estaba allí y no me iba a fallar ni abandonar nunca. Junto con esa confianza, estaba mi mirada fija también en la Virgen María, a quien procuraba rezarle todos los días el Rosario. Mis momentos más oscuros eran soportados a causa de esa microscópica luz que veía en el fondo de la oscuridad. Un rayo apenas perceptible de esperanza que me incentivaba a no rendirme.
Dios no defrauda, eran mis palabras; Dios no defrauda.
Esto puede sonar extraño, pero tiene una trascendencia que involucra el alma. He escuchado casos de personas que aparentemente lo tienen todo; dinero y bienes materiales en abundancia, una familia bien vista por todos, éxito profesional y aún así expresan que algo les falta. No poseen plenitud en el corazón.
El Dr. Mario Alonso Pluig menciona la diferencia que existe entre las experiencias que satisfacen y dan placer al cuerpo y el hecho de sentir el corazón lleno. No son equivalentes estas dos realidades.
Existen personas que no tienen los recursos materiales y físicos suficientes, pero que tienen el corazón lleno y se sienten plenamente felices en medio de la escacez; también hay quienes están muy bien en el plano físico y material y a la vez se sienten con el corazón lleno.
Pienso que la felicidad auténtica trasciende el plano físico, va más allá y guarda mucha relación con la esperanza. Una persona con esperanza sigue adelante, vuelve a intentarlo, avanza fracaso tras fracaso hasta llegar al éxito. Pero si se pierde la esperanza, difícilmente se puede tener el corazón rebosante.
Espero que podamos conservar esperanza en nuestros corazones para ver como en algún momento la oscuridad se transformará en un bello amanecer.
¿Cómo podría decir que uno ama si lo obligan a hacerlo? ¿Es posible amar forzadamente? Yo creo que no. A veces se puede confundir el amor con deseo de poseer a alguien. A veces se escuchan casos terribles de maltrato doméstico o homicidios de una pareja a otra; allí no es posible que haya existido amor, sino deseo de posesión. Cuando hay amor verdadero, considero que se querrá el bien de la persona aunque conlleve tener que separarse porque la relación no funcionó.
En ocasiones surge la pregunta sobre por qué existe tanto mal y falta de amor en el mundo. Considero que el origen de esto son las decisiones que tomamos a lo largo de nuestras vidas, las que definen si habrá egoísmo o fraternidad en nuestros entornos. Estoy convencido de que para amar se necesita libertad, una libre decisión y compromiso de hacerlo.