La enfermedad ¿Es buena o mala?

Conozco el testimonio de un joven (vamos a llamarle Eric) que reconoce que su enfermedad ha sido la bendición más grande que ha recibido, puesto que fue el medio por el cual comenzó a pensar hacia afuera, en hacer el bien en favor de los demás.

Eric solía vivir enfocado únicamente en satisfacer sus sentidos con los mejores placeres que le ofreciera su entorno. El placer era, según él, su razón de existir. Fue tanto así que llegó un punto en el que nada le satisfacía, buscaba saciar su sed de felicidad en fiestas, licor, desorden moral pero, no lograba saciarse. Tiempo después además del vacío, tenía comportamientos irritables, era poco tolerante con las personas e incluso se desanimaba constantemente.

En un momento dado, por recomendación de sus seres queridos, Eric accedió a visitar a un profesional de la salud; este fue brindándole ayuda a través de medicamentos recetados para que lograra una estabilidad emocional.

Este proceso envolvió a Eric en un proceso de negación y luego una fijación de decirse siempre que era un enfermo mental y por lo tanto, bajaba más su autoestima. Consecuenemente nuestro personaje pensó cosas como terminar con su vida ya que ni siquiera se daba valor propio.

Fue a través de la ayuda continua del profesional de la salud, junto con las personas que lo amaban y le apoyaban, que él fue recuperando su autoestima y amor por la vida. Pero hay un factor adicional clave que le permitió a este chico salir de ese agujero en el que se encontraba estancado; y eso fue la fe que nunca perdió de que Dios lo amaba y acompañaba. Aún en los momentos más difíciles de su lucha interior, se repetía esta frase: Dios no defrauda.

Después de eso, Eric continuó mejorando su autovaloración y sacando a relucir lo mejor de sí. Esto automáticamente se vio reflejado en su relación con los demás.

Dios todo lo permite para el bien de los que lo aman. Romanos 8, 28

¿Por qué busco a Dios?

Reconozco que en mi juventud tuve momentos en los que miraba a Dios como el genio de una lámpara mágica; acudía a él cuando necesitaba cualquier favor, prometiéndole que si cumplía lo que yo le pedía, haría algo por Él. A veces mi retribución ofrecida era ir a la misa o rezarle más.

Solía tener esa mentalidad: Si hacía algo para Dios, pensaba que Él quedaba en deuda conmigo. Actualmente veo en Jesús el modelo a seguir sobre una auténtica relación con el Padre. Considero que optar por Dios debe ser sin un interés de retribución.

Al final, amar a Dios es estar siempre optando por obrar bien en favor de los demás, pensar en el bien común y respetar la dignidad propia y del prójimo. Tan sencillo como eso lo veo. Considero que la retribución verdadera, es la satisfacción de saber que se hizo un bien a la persona y que gracias a eso estará mucho mejor.

El sentido de vivir

¿Para qué vivimos? ¿cuál es el sentido de nuestra existencia? La vida se puede ir en un abrir y cerrar de ojos, pienso que debe ser muy reconfortante que en el último momento de nuestras vidas podamos mirar atrás y sentirnos satisfechos de haber dibujado sonrisas en muchos rostros y de haber ayudado a tantas personas como nos fuera posible.

Mi abuelo materno, que en paz descanse, fue un hombre muy noble de corazón que dejó una gran huella en los corazones de sus familiares, pero también en la vida de muchos amigos y conocidos que recibieron de él mucho amor, ayuda y buenos tratos. Para eso creo que hemos venido a este mundo; si Dios siendo Omnipotente y el Rey del Universo, se hizo hombre como nosotros y uso su vida para servir a los demás y darse amorosamente hasta el punto de dar su vida por toda la humanidad, no es difícil llegar a la conclusión de que eso mismo quiere que hagamos, ya que así nos esperará la alegría de haber dado alivio, alegría y paz a muchos corazones, además de que así nos esperará también la mayor de las recompensas, la Resurrección a la vida eterna junto al Padre.

Entonces dirá el Rey a los de su derecha: «Venid, benditos de mi Padre, recibid la herencia del Reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; era forastero, y me acogisteis; estaba desnudo, y me vestisteis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a verme». Entonces los justos le responderán: «Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te dimos de comer; o sediento, y te dimos de beber? ¿Cuándo te vimos forastero, y te acogimos; o desnudo, y te vestimos? ¿Cuándo te vimos enfermo o en la cárcel, y fuimos a verte?». Y el Rey les dirá: «En verdad os digo que cuanto hicisteis a unos de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis». (Mateo 25, 35-41)

El Amor de Dios

Nada supera el amor de Dios. El es el Ser Supremo, el Amor puro y verdadero; su Palabra da esperanza y vida, revitaliza nuestro espíritu. Te invito a abandonarte en sus Brazos Paternos.

No te pierdas la oportunidad de experimentar el amor de Dios, la paz y felicidad que sólo Él puede dar. Cuantas veces no busqué la felicidad en el buen prestigio, las amistades, alguna relación, las fiestas, el alcohol; pero aunque tuviera miles de amigos que me adoraran no quedaría satisfecho, porque tener tu espíritu completamente satisfecho le corresponde a Dios. En Él se puede encontrar fuerza para superarse y salir con la frente en alto después de cada batalla de la vida.

Cada ser humano es afortunado, no solo por el hecho de existir, sino porque es hijo amado de Dios. Anímate a depositar tu confianza en Dios puesto que Él quiere exclusivamente tu felicidad y que alcances tu realización personal.

Y recuerda, tal vez Dios no te quite los problemas y dificultades que estas enfrentando, pero te garantizo que te dará paz en medio de ellas.