Mi experiencia con el Santísimo siendo Ministro Extraordinario de la Comunión

Cuando me llamaron para ser Ministro Extraordinario de la Comunión, mi reacción fue de extrema gratitud. Pensaba en lo dichoso que había sido al tener el honor de llevar a Jesús Sacramentado en mis manos para darlo de alimento a mi prójimo. 

Una de las experiencias que más disfruto es cuando me toca guardar a Jesús en el Sagrario, es algo que sucede en cuestión de segundos, pero son segundos en los cuáles me detengo frente a mi gran Amigo. Llego a buscarlo al Sagrario para llevarlo al altar y lo saludo con jocosidad: ¡Oye Jesús! Tú estás aquí, mira yo pasando por aquí y coincidimos, que coincidencias de la vida le digo con jocosidad. Estoy seguro que Jesús tiene buen humor, por eso me encanta ser gracioso con Él para hacerlo reír. Terminada la Comunión voy a guardarlo en el Sagrario y le digo, otra vez nos encontramos aquí Tú y yo. Y comienzo a decirle tantas cosas como: sabes que te amo, eres lo máximo, nos vemos pronto.

Jesús se ha vuelto mi amigo íntimo y me encanta saber que Él me espera en el Sagrario para irlo a buscar y también espera que lo vaya a dejar nuevamente allí. 

En una ocasión mientras el padre hacía las oraciones previas para dar la comunión, me sumergí en mi interior y comencé a sentir una emoción tan grande hasta que me salieron lágrimas. Escuchaba a Jesús diciéndome en el corazón: Aquí estoy Enoc, como un pequeño trozo de pan en tus manos, me hago pequeño para partirme y darme a los demás. 

No pierdas la oportunidad de visitarlo al Sagrario, Él te espera con ansias. Una amiga me decía en una ocasión que se le hacía difícil estar en el Sagrario porque no sabía qué decirle a Jesús. Le dije: amiga, no te preocupes por decirle nada a Jesús. El simple hecho de que estés allí frente a Él ya es suficiente; lo estás acompañando y eso es lo más importante.

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Autor: Cuentos de una ciudad real

Un historiador de la cotidianidad.

3 opiniones en “Mi experiencia con el Santísimo siendo Ministro Extraordinario de la Comunión”

  1. Me encanta tu experiencia de Jesús Sacramentado y la amistad sincera y cariñosa con Jesús como amigo. Que a todos nos contagie esa familiaridad y cariño con nuestro Señor que siendo tan grande ha querido hacerse amigo y compañero.

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  2. Me recuerda lo que decía Jesús: «Ya no los llamo siervos los llamo amigos» y así es cuando lo encontramos, nuestra vida cambia, aprendemos a amarlo y a sentir la necesidad de que siempre esté con nosotros y Él se hace presente entre nosotros, esa es nuestra fe, ese es nuestro amor por aquel que ha dado la vida por cada uno de nosotros.

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