Al que madruga Dios lo ayuda

La persona que madruga encontrará oportunidades que no verán los que duermen.

Anónimo

Desde hace un tiempo me he estado acostumbrando a madrugar, de manera que a las cinco de la mañana ya estoy de pie, alistándome para comenzar mi rutina del día.

Una de las cosas que he aprendido, junto con el hábito de madrugar, es a hacer cada cosa con calma y sin prisas, enfocándome en lo que estoy haciendo y sin adelantar mi pensamiento hacia la siguiente tarea.

Madrugar me ofrece la oportunidad de hacer muchas más cosas y aprovechar el tiempo para dedicarme a cosas que me gustan, y que en esas primeras horas del día se prestan para sacarles el mayor provecho. Entre esas actividades están: rezar el Rosario, leer, desayunar despacio, y tomar un delicioso café negro. Todo esto, en medio del silencio de aquellas horas en las que aún no se asoma el sol.

Esas son las oportunidades que encuentro en esos momentos, y las cuales no disfruto de la misma manera en el resto del día, con sus distracciones cotidianas. Al que madruga Dios lo ayuda, creo que esa frase da a entender que, al que más temprano se levanta, se le presenta la oportunidad de recibir más bendiciones en ese día. Pero, esto está condicionado a, si de verdad esta persona aprovecha esas horas en lo que le puede enriquecer.

Señor, que las primeras horas del día sean una oportunidad que aprovechemos para hablar contigo, y enriquecernos con prácticas y hábitos que nos acerquen y hablen de Ti.

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Autor: Cuentos de una ciudad real

Un historiador de la cotidianidad.

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