El amor de Cristo nos urge

En 2 Corintios 5, 15 se lee esta frase: «El amor de Cristo nos apremia». En otras palabras, nos impulsa a corresponder a su entrega. Esta frase bíblica vino a mi mente recientemente al ser testigo de algo que me llamó la atención. Un sacerdote amigo se dedica a escribir en un blog sobre experiencias de vida con grandes lecciones que edifican el alma; además, escribe una reflexión dominical del Evangelio cada domingo.

Se ha mantenido en este ritmo por un tiempo. Pero hace poco presencié algo nuevo de parte de él. Pidió a un productor que lo grabara para hacer una reflexión del Evangelio dominical. Es decir, pensé: «ahora irá más allá del blog pasando a video».

¿Cómo se relaciona este suceso con la lectura de 2 Corintios? Pues precisamente en que ese sacerdote no se pudo conformar con seguir haciendo el escrito en su blog sobre el Evangelio dominical, sino que ahora quiere innovar con algo más.

El amor de Jesús es así, cuando uno se siente verdaderamente amado por Él, todo lo que se haga para el Señor se queda corto; uno siente siempre que puede dar más, siempre se puede hacer algo más. Esta es la actitud que acompaña a quien se sabe y experimenta como hijo amado de Dios.

Jesús nos ama, y solo necesitamos abrir los ojos para darnos cuenta que Dios ha estado desde siempre y ha acompañado al ser humano desde su origen. No ha habido un solo segundo en el cual nuestro Padre se haya apartado de nosotros.

Si logras tomar consciencia de la presencia perpetua de Dios en tu vida y su inmenso amor por ti, verás que nacerá en ti un ardiente deseo de amarlo a través del servicio y el amor a los demás. Para el que se siente amado por el Padre, siempre hay algo novedoso que se puede hacer para evangelizar y ser portadores de su misericordia, amor y justicia. Dejémonos amar por Dios.

Sosteniendo una mentira

Recientemente vi un documental sobre uno de los fraudes más grandes de la historia, el caso de Elizabeth Holmes y su Compañía Theranos. Dentro de lo que veía a lo largo de todo el documental, lo que más me impactó fue la personalidad de Elizabeth o, más bien, cómo se mostraba ante la sociedad.

Elizabeth, en medio de todo el gran fraude del que era la causante principal, mostraba una serenidad y un encanto que convencían a cualquiera. Su mirada segura, firme y un carisma que hechizaba a quien la escuchaba.

La pregunta que me surgía era esta: ¿Cómo fue capaz de sostener una mentira por tanto tiempo? ¿Cómo podía proyectar ese gran nivel de serenidad y certeza ante los demás, llevando en sus hombros el peso de un engaño?

Trayendo esto a la experiencia cristiana, creo que muchas veces evitamos acercarnos a la Iglesia o a lo relacionado con Dios porque es Él, nuestro Padre amoroso, quien nos invita a hacer una constante auto observación para tomar conciencia de nuestras faltas y pecados. Pero cuando uno no quiere reconocer sus errores porque se quiere quedar acomodado en la mentira, todo lo que tenga que ver con Dios le genera rechazo.

Dios, a través de su Palabra, su Iglesia y los Sacramentos nos lleva por el camino del arrepentimiento y el perdón. Por eso es bueno vivir de cara a Él, cultivando la intimidad con este Dios que nos ama infinitamente.

Recuerda que buscar a Dios trae consigo un compromiso, el de optar por vivir de acuerdo a los valores de Jesús, cuyo centro es el amor. Dios nos invita a ser fieles a nuestra conciencia y que nuestra conciencia sea formada a través de su Palabra.

Vivir en la mentira para sacar beneficios, podrá causar un porvenir aparentemente beneficioso a corto plazo. Pero a la larga, todo lo que se fundamenta en el engaño termina mal, sea en este mundo o en la vida eterna.

Vivamos de cara a Dios y seamos fieles a su enseñanza, porque Él más que nadie busca nuestra plenitud, paz y felicidad verdaderas.

Contemplar y servir

Durante el transcurso de dos semanas, me leí un libro de quinientas páginas del autor Ignacio Larrañaga, titulado: «Muéstrame tu Rostro». El libro era tan envolvente que me costaba dejar de leerlo. Me metí tanto en la lectura que sentía que entraba en un estado de flow, aislado del entorno y embriagado con el contenido del libro.

El penúltimo día de terminar el libro, creo que fácilmente me leí como sesenta y cinco páginas de un solo. Cuando terminé me sentía absorto y un poco aislado del mundo, como si hubiera salido de una cueva en la que había estado durante mucho tiempo. Ese mismo día me tocaba ir a una actividad a servir como voluntario en mi Parroquia del Santuario Nacional de Panamá. Les digo la verdad, yo me sentía hasta algo inseguro con esa labor que iba a brindar pensando que estaba como desubicado mentalmente, como recién salido del limbo.

Cuando llegué al sitio y me puse a disposición de ayudar, me di cuenta que había mucho trabajo que hacer y, aunque en primera instancia me encontraba como en el aire, rápidamente logré acoplarme y me puse en acción a servir. De una vez se me fue el despiste y me metí en mi rol sin ningún inconveniente.

Mientras me encontraba en la actividad reflexionaba sobre esto: «Es clave para un cristiano católico unir en su día a día, la contemplación y la acción; también podría decirse, la oración y la acción». Una y otra han de complementarse y, la primera, da el temple y la capacidad para llevar a cabo la segunda.

Quedarse solo con una de esas convierte a la persona en alguien que no va a dar frutos. Si la persona solo es contemplativa y no hay obras concretas, la religiosidad de vuelve inerte y de nada sirve toda la contemplación y oración que se realice. Por otro lado, si la vida se vuelve solamente una serie de obras de caridad y solidaridad, la existencia, aunque cargada de actividades, transforma a la persona en alguien vacío por dentro, provocando esto una insatisfacción permanente que no llena ni la mayor obra en favor del prójimo.

Oración/Contemplación y Acción, partes fundamentales de todo cristiano y compromisos que nos hacen ser reflejo vivo de Jesucristo, quien pasó por el mundo haciendo el bien y manteniendo una íntima y profunda relación con el Padre.

Abandono total en Dios

Abandonarse plenamente en las Manos de Dios es una práctica que requiere constancia y perseverancia en el proceso. Creo que difícilmente alguien puede afirmar que está plenamente abandonado en los brazos paternales de Dios. Aunque alguno que otro pueda decir que confía en el Padre Celestial y que todo lo deposita bajo su Providencia, considero que siempre podrán venir circunstancias muy difíciles que sacudirán esa fe.

Sin embargo, no por eso pienso que sea imposible vivir en esa entrega constante y confiada en el regazo del Dios Trinitario. Sí sé que cuando uno está entregando cada día su vida y su porvenir a Dios, lo puede invadir una serenidad y paz que solo puede provenir de Él. Y eso es algo que se va cultivando a través de la vida de oración y los Sacramentos. Dios nos da los medios para acercarnos a Él y experimentar la seguridad plena que solo Él nos puede proveer.

La vida es muy cambiante. Un día podemos estar muy bien, alegres; aparentemente todo nos sale de maravilla. Y de pronto, otro día todo se puede venir abajo, fracaso en el trabajo, la familia, en lo personal. Todo se derrumba repentinamente y consecutivamente como fichas de dominó. Y es allí, donde probablemente, esa certeza que se tenía de Dios, se tambalea y provoca dudas, miedos y preocupaciones que antes no existían.

Por eso creo que a pesar de poner el empeño en abandonarse constantemente en los brazos de Dios y experimentar la paz de la certeza de su amor, no debemos sentirnos mal si, en ocasiones, se debilita la fe, ya que somos humanos y frágiles. Y así como hoy podemos experimentar la presencia de Dios, tal vez mañana podríamos sentirnos en medio de penumbras. Pero hemos de saber, que independientemente de nuestras circunstancias, Dios no se muda, como decía Santa Teresa de Jesús.

Cuando no hay mucho buen humor

Me pasa algo particular, usualmente ando con buen ánimo y mucha energía, inyectando buen humor y alegría por donde quiera que vaya. Se me hace natural lanzar un chiste o un comentario que provoca una que otra carcajada. Aparte que me gusta mucho tratar con la gente y conversar tanto cosas profundas, como tonterías para alegrar el momento.

Sin embargo, me estoy dando cuenta que cuando he pasado una noche con pocas horas de sueño, al día siguiente el desvelo y el cansancio me apagan un poco. Las oportunidades que tengo de hacer mi entrada jocosa con las personas, no las aprovecho, más bien me quedo callado. Soy de menos palabras y se me hace un poco más pesado mantener la efusividad o creatividad para preservar el buen humor.

Estoy claro que esto es algo que le pasa a cualquiera que duerme pocas horas en la noche previa. El humor cambia, algunos se ponen más irritables, otros no se logran concentrar y rinden menos en sus labores. Pero, en general, las capacidades naturales se ven mermadas ante dicha circunstancia.

Yo procuro dormir las suficientes horas cada noche, sin embargo, hay veces que, aunque tenga toda la intención de hacerlo, algún encuentro con viejos amigos u otro compromiso, no me permite acostarme con el suficiente tiempo para asegurar mis reglamentarias horas de descanso.

Pero bueno, se sigue adelante con el ánimo como esté. He aprendido que las emociones han de vivirse como vengan. Me recuerdo una frase del escritor y psicoanalista Viktor Frankl que hacía alusión a que «la única libertad que nadie le puede arrebatar al ser humano es la actitud con la que asume cada circunstancia de su vida».

Yo procuro poner mi vida en Manos de Dios y aunque a veces quisiera dar más de lo que puedo en su momento, le digo: «Señor, estoy en tus Manos, haz de mí lo que quieras». Para mí, lo importante es dejar mis preocupaciones y situaciones en sus Manos. ¿Las cosas no son como yo espero? Lo dejo en tus Manos, Señor. Sea cual sea el humor en el que me encuentre, en tus Manos Señor, y hago un esfuerzo para tener la actitud más oportuna para sobrellevar el cansancio del desvelo con madurez y calma.

¿Cómo oras?

Estoy leyendo un libro del Padre Ignacio Larrañaga que se titula: «Muéstrame tu Rostro». Tiene un contenido muy exquisito y leer cada página es como saborear un delicioso manjar. Habla de una manera tan profunda, clara y hasta poética del ser humano y sus capacidades latentes para lograr una intimidad con Dios.

Después de leer ciento sesenta páginas en las que el sacerdote hablaba de la realidad del ser humano con sus triunfos y derrotas, y de qué papel juega Dios en medio de estos, el Padre comienza a dar técnicas para lograr esos momentos de oración y sacarles el máximo provecho.

Yo, que a veces me tomo el tiempo de ponerme de rodillas a orar, pero más que todo, a hacer silencio, comencé a practicar las técnicas del padre. Al rato de estar en el silencio y viendo que no era tan sencillo el asunto, en medio de la serenidad, volví mi pensamiento al Padre Celestial y le dije: «Padre, soy tuyo. Haz conmigo lo que quieras, no me importa si logro o no realizar la técnica de oración, pero me basta con que sepas que esta vida te pertenece y lo único que quiero, es lo que Tú quieras, Padre Santo».

Si en algún momento quieres orar y no sabes cómo, te la pongo fácil, tan solo di: «Padre, que se haga tu Voluntad». Te aseguro que esta oración tan corta y simple, será del mayor agrado de Dios.

El camino recorrido a consciencia

El mismo camino puede hacerse largo o corto. Depende de ti. Anónimo Esta madrugada caminaba hacia mi trabajo. Iba por la acera recorriendo una leve subida. Mirando hacia el frente, se divisaba un largo trayecto, y me vino este pensamiento: «Si me afano ansiando llegar al final del trayecto, me voy a angustiar, y el … Continuar leyendo «El camino recorrido a conciencia»

El mismo camino puede hacerse largo o corto. Depende de ti.

Anónimo

Esta madrugada caminaba hacia mi trabajo. Iba por la acera recorriendo una leve subida. Mirando hacia el frente, se divisaba un largo trayecto, y me vino este pensamiento: «Si me afano ansiando llegar al final del trayecto, me voy a angustiar, y el recorrido se me hará más pesado y largo. Pero si, en vez de mirar al final, me enfoco en el camino frente a mis pisadas, no habrá afán ni tensión, por lo que, sin pensar en el tiempo, llegaré con serenidad a la meta». El camino es el mismo, pero se hace difícil o sencillo dependiendo de mi estado de ánimo.

A veces nos afanamos queriendo que las cosas se den en el momento y de la manera que nosotros esperamos, nos ofuscamos si no vemos resultados inmediatos y perdemos fácilmente la paciencia cuando la vida y sus circunstancias no se acoplan a nuestras expectativas.

He aprendido que la forma más eficaz y sana para vivir, es esforzándome al máximo y dejando el resultado en Manos de Dios. Porque el esfuerzo depende de mí, pero el resultado puede ser desproporcionado, independientemente de mi empeño. Por eso, considero importante tener presente que no tenemos el control absoluto sobre lo que acontecerá dentro de una hora, un día, un mes o un año.

Soltar es una práctica que libra de altas cantidades de tensión y amargura. Hacer cada día lo que te toca y hacerlo bien. Pero, sabiendo que, aún haciendo las cosas bien, podríamos no tener los resultados esperados.

Señor, que aprendamos a abandonarnos bajo tu Providencia, esforzarnos frente a nuestras responsabilidades y confiar en que, pase lo que pase, Tú eres quien tiene la última Palabra, y lo que suceda, ha sido permitido por Ti. Y que eso nos baste para aceptar lo que sea que venga.

Al que madruga Dios lo ayuda

La persona que madruga encontrará oportunidades que no verán los que duermen.

Anónimo

Desde hace un tiempo me he estado acostumbrando a madrugar, de manera que a las cinco de la mañana ya estoy de pie, alistándome para comenzar mi rutina del día.

Una de las cosas que he aprendido, junto con el hábito de madrugar, es a hacer cada cosa con calma y sin prisas, enfocándome en lo que estoy haciendo y sin adelantar mi pensamiento hacia la siguiente tarea.

Madrugar me ofrece la oportunidad de hacer muchas más cosas y aprovechar el tiempo para dedicarme a cosas que me gustan, y que en esas primeras horas del día se prestan para sacarles el mayor provecho. Entre esas actividades están: rezar el Rosario, leer, desayunar despacio, y tomar un delicioso café negro. Todo esto, en medio del silencio de aquellas horas en las que aún no se asoma el sol.

Esas son las oportunidades que encuentro en esos momentos, y las cuales no disfruto de la misma manera en el resto del día, con sus distracciones cotidianas. Al que madruga Dios lo ayuda, creo que esa frase da a entender que, al que más temprano se levanta, se le presenta la oportunidad de recibir más bendiciones en ese día. Pero, esto está condicionado a, si de verdad esta persona aprovecha esas horas en lo que le puede enriquecer.

Señor, que las primeras horas del día sean una oportunidad que aprovechemos para hablar contigo, y enriquecernos con prácticas y hábitos que nos acerquen y hablen de Ti.

Con calma y sin prisa

Nos afanamos buscando la felicidad, y cuando termina la vida, descubrimos que siempre la tuvimos con nosotros. Anónimo Hay un título de una película que fue muy popular: «En busca de la felicidad». Muchas veces nos esforzamos por encontrar la tan buscada felicidad de la cual todos queremos ser partícipes. Yo fui uno de esos … Continuar leyendo «Con calma y sin prisa»

Nos afanamos buscando la felicidad, y cuando termina la vida, descubrimos que siempre la tuvimos con nosotros.

Anónimo

Hay un título de una película que fue muy popular: «En busca de la felicidad». Muchas veces nos esforzamos por encontrar la tan buscada felicidad de la cual todos queremos ser partícipes.

Yo fui uno de esos durante mi adolescencia, buscaba ser feliz. Y visualizaba esa meta de un sueño específico: «Ser querido y seguido por todos». Más tarde me di cuenta que ese sueño no me daría esa felicidad a la que aspiraba.

Con el pasar de los años, y después de haber buscado por cada rincón, aquel sueño que parecía inalcanzable, descubrí que la verdadera felicidad tenía un nombre: Dios. Cuando le di la oportunidad a Jesús, de ocupar mis pensamientos y ser el centro de mi vida, fue cuando me di cuenta que no tenía que buscar en ninguna otra parte, Él ha sido siempre la Fuente de Agua Viva.

Una vez encontrada la Fuente de aquel Manantial de plenitud, descubrí algo más, no tenía mérito alguno para que Dios me amara y me llenara de su paz y felicidad absoluta. Pero, aún así, Él decidió amarme incondicional e infinitamente.

Hoy en día me he dado cuenta que Dios siempre ha estado conmigo, he sido yo quien no quería verlo. Pero, ahora que sé que Él me acompaña y siempre lo hará, sé que tengo la felicidad conmigo. Se acabó la búsqueda, Dios está entre nosotros, y solo con Él, podemos ser verdaderamente felices.

Un animador para sí mismo.

Hace años tenía la contante tarea de animar a grupos de jóvenes, a través de dinámicas divertidas y que ponían a los jóvenes a saltar, bailar, agacharse, dar media vuelta, etc… Recuerdo puntualmente, una actividad en Darién. Era un Encuentro Juvenil al cual se había convocado a un gran número de jóvenes. Eramos un equipo … Continuar leyendo «Un animador para sí mismo.»

Hace años tenía la constante tarea de animar a grupos de jóvenes, a través de dinámicas divertidas que ponían a los jóvenes a saltar, bailar, agacharse, dar media vuelta, etc…

Recuerdo puntualmente una actividad en Darién. Era un Encuentro Juvenil al cual se había convocado a un gran número de jóvenes. Eramos un equipo en el cual, había quiénes se encargarían de hacer la exposición, otros con temas logísticos, y yo, encargado de todos los espacios de animación.

Yo llevaba en mente una amplia gama de dinámicas. Prácticamente todas eran para realizarse de forma individual. Es decir, formábamos un círculo, y cada uno iba haciendo los pasos o movimientos que yo les indicara. Yo me sentía muy bien conmigo mismo, diciéndome interiormente que lo estaba haciendo todo fenomenalmente bien.

En una ocasión, una compañera me pidió la oportunidad de realizar una dinámica, a lo que yo le dije que estaba bien. Ella realizó una actividad en la que, a los chicos les tocaba interactuar de forma grupal, algo que yo no había planteado en ninguna de mis dinámicas.

Para mi sorpresa, finalizado el Encuentro, se hizo una evaluación y adivinen qué fue lo que más les gustó a los jóvenes de los momentos de animación. Lo que más les gustó fue la dinámica de mi compañera, porque pudieron interactuar entre ellos. Fue un golpe para mí, porque hasta ese momento, había pensado que había hecho un gran trabajo, de tal forma que, los muchachos lo habían disfrutado más que nada.

Sé que esto no quiere decir que haya hecho un mal trabajo, pero descubrí que, lo que yo hice en ese Encuentro, fue hacerme un homenaje a mí; hice todas esas dinámicas pensando en lo que me gustaba a mí. Cuando lo más oportuno hubiera sido prepararme pensando en ellos y en lo que les sería más provechoso.

Hoy en día he aprendido que para hacer una obra buena, se debe pensar con base en lo que los demás necesiten, y no en lo que a mí me guste. Ahí está la clave de servir correctamente. No es servir por servir, sino servir con amor, pensando en la persona a la que estoy sirviendo.

Señor, que aprendamos a salir de nosotros mismos, para tomar consciencia de las necesidades de aquellos con quienes convivimos. Que no sirvamos para sentirnos bien con nosotros mismos, sino, que sirvamos con amor y pensando en qué será lo mejor que puedo hacer por mi prójimo.