
En 2 Corintios 5, 15 se lee esta frase: «El amor de Cristo nos apremia». En otras palabras, nos impulsa a corresponder a su entrega. Esta frase bíblica vino a mi mente recientemente al ser testigo de algo que me llamó la atención. Un sacerdote amigo se dedica a escribir en un blog sobre experiencias de vida con grandes lecciones que edifican el alma; además, escribe una reflexión dominical del Evangelio cada domingo.
Se ha mantenido en este ritmo por un tiempo. Pero hace poco presencié algo nuevo de parte de él. Pidió a un productor que lo grabara para hacer una reflexión del Evangelio dominical. Es decir, pensé: «ahora irá más allá del blog pasando a video».
¿Cómo se relaciona este suceso con la lectura de 2 Corintios? Pues precisamente en que ese sacerdote no se pudo conformar con seguir haciendo el escrito en su blog sobre el Evangelio dominical, sino que ahora quiere innovar con algo más.
El amor de Jesús es así, cuando uno se siente verdaderamente amado por Él, todo lo que se haga para el Señor se queda corto; uno siente siempre que puede dar más, siempre se puede hacer algo más. Esta es la actitud que acompaña a quien se sabe y experimenta como hijo amado de Dios.
Jesús nos ama, y solo necesitamos abrir los ojos para darnos cuenta que Dios ha estado desde siempre y ha acompañado al ser humano desde su origen. No ha habido un solo segundo en el cual nuestro Padre se haya apartado de nosotros.
Si logras tomar consciencia de la presencia perpetua de Dios en tu vida y su inmenso amor por ti, verás que nacerá en ti un ardiente deseo de amarlo a través del servicio y el amor a los demás. Para el que se siente amado por el Padre, siempre hay algo novedoso que se puede hacer para evangelizar y ser portadores de su misericordia, amor y justicia. Dejémonos amar por Dios.









