Cuando no hay mucho buen humor

Me pasa algo particular, usualmente ando con buen ánimo y mucha energía, inyectando buen humor y alegría por donde quiera que vaya. Se me hace natural lanzar un chiste o un comentario que provoca una que otra carcajada. Aparte que me gusta mucho tratar con la gente y conversar tanto cosas profundas, como tonterías para alegrar el momento.

Sin embargo, me estoy dando cuenta que cuando he pasado una noche con pocas horas de sueño, al día siguiente el desvelo y el cansancio me apagan un poco. Las oportunidades que tengo de hacer mi entrada jocosa con las personas, no las aprovecho, más bien me quedo callado. Soy de menos palabras y se me hace un poco más pesado mantener la efusividad o creatividad para preservar el buen humor.

Estoy claro que esto es algo que le pasa a cualquiera que duerme pocas horas en la noche previa. El humor cambia, algunos se ponen más irritables, otros no se logran concentrar y rinden menos en sus labores. Pero, en general, las capacidades naturales se ven mermadas ante dicha circunstancia.

Yo procuro dormir las suficientes horas cada noche, sin embargo, hay veces que, aunque tenga toda la intención de hacerlo, algún encuentro con viejos amigos u otro compromiso, no me permite acostarme con el suficiente tiempo para asegurar mis reglamentarias horas de descanso.

Pero bueno, se sigue adelante con el ánimo como esté. He aprendido que las emociones han de vivirse como vengan. Me recuerdo una frase del escritor y psicoanalista Viktor Frankl que hacía alusión a que «la única libertad que nadie le puede arrebatar al ser humano es la actitud con la que asume cada circunstancia de su vida».

Yo procuro poner mi vida en Manos de Dios y aunque a veces quisiera dar más de lo que puedo en su momento, le digo: «Señor, estoy en tus Manos, haz de mí lo que quieras». Para mí, lo importante es dejar mis preocupaciones y situaciones en sus Manos. ¿Las cosas no son como yo espero? Lo dejo en tus Manos, Señor. Sea cual sea el humor en el que me encuentre, en tus Manos Señor, y hago un esfuerzo para tener la actitud más oportuna para sobrellevar el cansancio del desvelo con madurez y calma.

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Autor: Cuentos de una ciudad real

Un historiador de la cotidianidad.

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